lunes, 6 de febrero de 2017

TENGO ALGO QUE CONTARTE (12)

Correspondencia entre dos mujeres.


Salt, lunes 06 de febrero de 2017

NO HE PERDIDO EL NORTE



Querida amiga, como siempre, un gusto saber de ustedes, de sus cosas, de sus costumbres, de sus vidas. Es lindo imaginar cómo se traspasa el año casi en bañador y comiendo los turrones sudandito de calor.

Aquí es invierno. Esa estación que ustedes no tienen (en mi modesta opinión, no se pierden nada) donde hace frío, uno anda encogido todo el día, las horas de luz solar son pocas y la humedad lo impregna todo, hasta los mismos huesos. La nieve es el elemento romántico con el que algunos  justifican sus bondades. Transforma el paisaje, vistiendo de blanco absoluto montes, árboles, pueblos, ríos y todo lo que encuentra a su paso. Cuando caminas sobre ella, es como si a cada paso la tierra te absorbiese un poquito hacia sí, te vas hundiendo en un un camino crujiente y algodonoso. Pero también le digo que este idilio con la naturaleza sólo funciona en el lugar adecuado, en la montaña. Fuera de su sitio, sólo nos complica la vida. En las ciudades, la contemplamos como un lindo elemento, pero cuando nos llega, los coches no circulan, los tubos que llevan el agua se congelan, la electricidad a veces se para,… en fin, un triste festival. Con el invierno se me entumecen el ánimo, las ganas de salir, los músculos y creo que hasta las ideas.




Como usted puede ver, no es mi estación preferida, nunca le encontré la gracia. Yo creo que mi cigüeña erró el tiro al dejarme y me depositó más al norte del pedido real. Pero claro, en aquellos tiempos sin GPS ni nada, era fácil desorientarse un poco. A veces, cuando comento ésto medio en broma, medio en serio, algunos me dicen: pero tenemos la suerte de haber nacido en “el norte”, en la parte afortunada, en la parte rica del mundo. Y sí, lo reconozco. Aunque nosotros seamos mediterráneos, de habitar la calle, de reír fuerte y tocarnos cuando hablamos, de vivir al compás del sol,… somos el sur de ese norte, aún haciendo de frontera pertenecemos a él. 

Pero le voy a contar algunas de mis cuitas respecto al norte. Por ejemplo, que en mi país, en estos días de frío invernal, es cuando las empresas eléctricas han subido sus tarifas de precios. Y recuerde que aquí somos eléctricodependientes para todo: para cocinar, para ducharnos, para alumbrarnos, para calentarnos… Una vez le hablaba de la gran cantidad de personas con pobreza energética que viven entre nosotros,  ¿lo recuerda? Pues bien, esta subida de precios energéticos, como bien puede imaginarse, no solamente deja más indefensas a todas estas personas, sino que además incluye a muchas más en este club de pobres, sin ética ni miramientos sobre el frío que puedan llegar a pasar en sus casas. De hecho, en estos dos últimos meses, se ha disparado la cantidad de incendios domésticos (con alguna muerte incluida), porque la gente se calienta como puede. Pero como ya le comenté en su día, los intereses de las empresas eléctricas no son los mismos que los de sus clientes, aunque el frío lo compartimos todos. Es el mismo frío que mata a quien no tiene cobijo. Y resulta que aquí, en la riqueza del norte, hay muchas personas en estas condiciones. Los que andan viviendo por la calle entre cartones, o en campos de refugiados con casas de tela como techo, o cayendo al agua fría desde pateras sobrecargadas que intentan llegar aquí para empezar de nuevo. Sí Habanera, todo esto pasa en el norte, en nuestro rico norte. Debe ser que el frío va helando no sólo los cuerpos sino también los sentimientos. Ha llegado un momento en el que se han normalizado todas estas infamias, entrando en la categoría de cotidianas e inevitables. Las empresas energéticas siguen con sus tarifas y sus beneficios, los refugiados siguen en sus campos, los inmigrantes en sus pateras o en sus camiones,....y los gobiernos mirando hacia otro lado, hacia donde no se puedan encontrar con la mirada de ninguno de ellos.




La gente a veces protesta, se moviliza tímidamente ante estas situaciones tan humanamente esperpénticas, pero aún es poca gente y creo que, en el fondo, con poco convencimiento de que su protesta vaya a servir para algo. La acreditación de afortunados norteños que se ha interesado expedir, ha calado en una población con altos índices de analfabetismo político.

Ahora le haré de reportera de algunas noticias de estos últimos días. Por ejemplo, en Rumanía el gobierno aprueba una ley por la que los casos de corrupción que no excedan de 44.000 euros quedan exentos de explicaciones (y por supuesto, de devolverlos). Aquí sí que se han visto obligados a retractarse por la presión popular, y pienso que sobretodo, porque de caras al mundo, quedaba feo. Una cosa es que haya políticos, empresarios o cargos públicos corruptos bajo cuerda (como aquí), y otra muy distinta que tengan una ley concreta que les ampare públicamente. Y es que las formas y la elegancia no se deben perder nunca, ni para corromperse, ¿verdad? Un poquito más al este, en Rusia, el congreso aprueba una ley donde se regula cómo y cuando está bien agredir a las mujeres. Propuesta procedente de una mujer, y votada por mayoría aplastante de hombres y mujeres del congreso. Parece ser que una vez al año, y procurando no dejar marcas, es lo acordado como razonable. Osea que mujeres rusas, ya lo sabéis: por el módico precio de una paliza anual, podréis entrar en vereda y no correr el riesgo de desmelenaros con actitudes libertinas. Menos mal que vuestros políticos están en todo y hay alguien que vela por vuestro buen camino, porque si os dejasen a vuestro aire, ¡aún seríais capaces de reivindicar la igualdad de género o incluso cosas peores! 

Y siguiendo mi particular viaje por el norte llego hasta sus vecinos: el flamante Trump. Pero no quiero hablarle de Donald (de hablarle de algún Donald preferiría hablar del pato, que me cae mucho mejor). Son demasiadas barbaridades concentradas en un mismo individuo para tratarle ahora, así entre amigas. Su muro con México está haciendo correr ríos de tinta, pero en el fondo, no es ninguna sorpresa. Él ya avisó durante toda su campaña que era una de sus prioridades, y aún así, millones de norteamericanos le votaron. Por cierto, es una situación reproducible en más sitios. Aquí también tenemos muros (bueno, nosotros acostumbramos a llamarlos alambradas) en Ceuta y Melilla, que impiden o intentan impedir que los del sur entren al norte. Y no pasa nada, como le decía antes, hay cosas que ya se han integrado en la normalidad y nuestro muro hasta nos parece justo y necesario. Pero a lo que iba, a nuestro Trump. En realidad quería referirme a su esposa. En una entrevista la semana pasada dijo toda orgullosa de su marido: “es muy considerado conmigo y me apoya mucho. Cuando le digo que necesito una hora para darme un baño o ir a hacerme un masaje, no se opone” ¡Qué alegría para el feminismo nos dio cuando pensábamos que casi todo estaba perdido! ¡Qué ejemplo de consideración y libertad para con ella! Ya ve usted, toda esa fama de fascista, tirano e insensible que se empeñan en darle al pobre Donald, la desmontan confesiones tan tiernas y argumentadas como las de su ejemplar esposa-florero.




Amiga Habanera, como a veces le digo a otra buena amiga: no he perdido el norte, sencillamente quiero ir al sur. Por hoy voy a dejar la corresponsalía noticiera, ¿no le parece? Sólo son pequeñas cosillas que me han llamado la atención en nuestro día a día. Así prontito usted me podrá contar más.

Un abrazo sin latitud ninguna, pero enorme y cálido de su amiga

Vicentita


(*)Tengo algo que contarte. Correspondencia entre dos mujeres es una relación epistolar entre una mujer de La Habana y otra de Salt (Girona). La publicación de estas cartas se realiza con el permiso de ellas mismas que han confiando en La Guerrilla Comunicacional su publicación.


Si es la primera carta que lees puede ser que te interese ver el histórico de la correspondencia:

Prólogo: Prólogo
Carta 1ª: Carta nº 1
Carta 2ª: Carta nº 2
Carta 3ª: Carta nº 3
Carta 4ª: Carta nº 4
Carta 5ª: Carta nº 5
Carta 6ª: Carta nº 6
Carta 7ª: Carta nº 7
Carta 8ª: Carta nº 8
Carta 9ª: Carta nº 9
Carta 10ª: Carta nº 10
Carta 11ª: Carta nº 11




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