lunes, 25 de mayo de 2020

GOVERN DE DONES


Només un 5% dels estats del mon estan governats per dones. Entre tots ells destaquen Nova Zelanda, Alemanya, Taiwan, Islàndia, Finlàndia, Noruega i Dinamarca perquè, segons els experts, han tingut algunes de les millors gestions davant la crisis del coronavirus.

Destaquen que les caps de govern son molt ràpides en les seves decisions, molt executives; que tenen una manera diferent de comunicar -transparents, clares i empàtiques- i que son altament creatives cercant alternatives i solucions. Apunten que els seus governs son més participatius i democràtics.


Fotos de les presidentes i primeres ministres


No soc analista política, però, d’entrada, s’agraeix que per fi es reconegui la vàlua de les dones. Dit això, em sorgeixen dubtes... doncs, no tots aquests països segueixen el mateix tipus de polítiques socials i econòmiques. De fet, un país com Alemanya, per exemple,  està governat pel bastió neoliberal europeu al que no li va tremolar el pols quan va imposar  retallades econòmiques als països europeus que més van patir la crisi del 2008 i que hores d’ara arrossegàvem fins l’arribada de la crisi de la COVID19.

Una frase com «les dones estan més dotades per gestionar situacions de crisis» em genera múltiples contradiccions. 

Per una banda «oblida» que no totes les dones governen amb una mateixa ideologia política-econòmica-social i crec que aquest matís marca el fet de com es gestionen, per exemple, la immigració, l’atur, l’atenció a la diversitat, l’ensenyament i la sanitat. Tots ells elements que determinen el nivell de benestar de la societat. Sincerament, crec que el tipus de polítiques que s’apliquen son les que permeten analitzar l’equilibri i la cohesió social, i no pas si és o no una dona la persona encarregada del poder executiu del govern d'un estat.


Els estereotips de gènere i les seves conseqüències


Per una altra banda, posant aquest paraigües que aixopluga a les dones governants s’està estereotipant una manera de fer «femenina» que poc te de biològic i molt de construcció social. M’explico: la construcció social del gènere porta associada una sèrie d’estereotips que es reforcen més o menys en funció del gènere (binari) que s’assigna al néixer amb uns genitals femenins o masculins. Sóc del parer que el gènere com a construcció social hauria de desaparèixer perquè no trobo cap sentit  perpetuar uns estereotips construïts en base a una diferenciació de rols. Per suposat, el binarisme, és quelcom inexacte i dolorós per moltes persones que no se senten identificades amb cap dels dos generes i per d’altres que no tenen característiques sexuals clarament identificables. Es perpetuen, doncs, uns estereotips que l’únic que provoquen és dolor, desigualtat i desequilibri. 

Per acabar, no dubto que per arribar a governar un país s’han de tenir una sèrie de característiques -un caràcter, un temperament i segurament poca dosi d’escrúpols- que et permetin superar a qualsevol dels rivals polítics que et trobis pel camí, majoritàriament homes. Tampoc dubto que elles han hagut de lluitar fort en un mon reservat al gènere masculí i demostrar, molt més que els seus companys homes (a qui se’ls «perdona» que no siguin tant bons gestors de les crisis), que estaven a l’alçada. 

Me n’alegro molt que comenci a haver referents públics de dones governants, és una gran notícia per a les nenes; però no m’agradaria que el patriarcat s’apropiés aquest mèrit per tal de poder argumentar que tothom te les mateixes oportunitats. 




No m’agradaria tampoc que s’instal·lés el discurs de que sinó hi ha més dones ocupant alts càrrecs és perquè no son prou bones per ocupar-los; perquè la realitat no és així.

La realitat és que les dones ho tenim més difícil a nivell social i polític i que les dobles i triples jornades ens afecten només a nosaltres, que el sexisme i la pressió mediàtica és crua i s’acarnissa amb les dones públiques i que, segurament, per arribar a altes quotes de poder aquestes dones han hagut de reproduir rols hegemònics masculins. I això, reproduir aquests rols hegemònics masculins, podria ser un dels majors èxits dels patriarcat.


Mª Àngels Esteban
La Guerrilla Comunicacional





lunes, 18 de mayo de 2020

SOMOS LA FUERZA DEL TRABAJO


Qué pensar y en quién creer, no lo sé. En general habita una sensación de incerteza con mayúsculas, una incerteza de aquello que vendrá, de lo que nos espera. Miedo. Un miedo que está teniendo un papel importante en todos los hogares, y no es para menos, pero que tampoco es el mejor aliado. Estamos ante un miedo promovido y patrocinado por todos los medios de comunicación, que día tras día, nos abruman con un exceso de información, sin saber la magnitud, utilidad y veracidad de cada una de las noticias y opiniones. Echo de menos un periodismo profundo, crítico, ético y de investigación, que sea capaz de informar del por qué de lo sucedido.




¿Qué habrá detrás de toda esta situación de alarma social ante un virus del que muy poco sabemos de dónde vino y cómo surgió? Lo que sí es cierto, y patente, es la realidad en la que nos encontramos y me refiero más concretamente dentro del ámbito laboral y que los medios solo lo asocian a la caída de la economía. Poco me importa que los medios repitan continuamente que la economía se siente afectada y que por indicaciones del gobierno esta debe ser atendida con medidas urgentes y extraordinarias para hacer frente al impacto económico y social. Ignorando en su análisis una realidad que no podemos negar: que esa economía se sostiene por la clase obrera, y que, por tanto la realidad es otra mucho más dura, que el principal impacto de la pandemia sobre la economía es el que está sufriendo el sector más vulnerable en el ámbito laboral. Nos siguen golpeando con los trabajos precarios que se mantienen desde hace décadas, debido a unas reformas laborables totalmente ineficaces para afrontar el problema de una juventud sin empleo, con la consecuencia conocida de que cada vez son ya más los jóvenes que perciben unos salarios cada vez menos acordes al precio de los productos y servicios esenciales. Es intolerable permitir que se llenen la boca de bonitas palabras cuando se refieren a tomar medidas sociales en defensa del empleo, porque es un insulto en toda regla.




Los famosos ERTEs (Expediente de regulación temporal de empleo) no han podido estar peor regulados y gestionados por la administración. Desde el ámbito que conozco, una vez más, las leyes y decretos publicados no están ajustados a la realidad laboral del momento, esa que vivimos las trabajadoras. No sé cuáles son los agentes sociales a los que se acogen para realizar el estudio y análisis de la situación para, posteriormente, redactar, determinar, pactar y publicar la normativa. Pero, ¿qué mejor agentes que las propias afectadas, es decir, las trabajadoras?. 

La exhoneración de las cuotas a la seguridad social que las empresas han recibido, como una de las medidas de ayuda para paliar la situación de cierre temporal, ha supuesto una disminución de la recaudación pública y un alivio para las empresas. Pero en ningún momento se han garantizado los salarios de las trabajadoras que,  ajenas a su voluntad, se han visto obligadas a dejar de trabajar y de percibir el salario que venían percibiendo, sin olvidar, eso sí, las obligaciones que tienen como ciudadanas en continuar pagando mensualmente el alquiler o la hipoteca y los recibos de agua, luz, gas, etc., etc. Es evidente que solo les importa recuperar la actividad económica, ayudando a las empresas y olvidando, o dejando en un segundo plano, que nosotras somos la fuerza de trabajo que necesitan.




Estar afectada como trabajadora por ERTE, ha supuesto una reducción mínima de nuestro salario del 30%.  Teniendo en cuenta los topes máximos de la prestación por desempleo, en la mayoría de los casos esta reducción ha sido superior a ese treinta por ciento, llegando a ser de hasta más del 50%. Lo que ha sido totalmente insuficiente para poder cubrir económicamente nuestras necesidades mínimas para vivir dignamente.  

Por otro lado, no hay que olvidar el papel que ha tenido la tecnología digital en estos momentos, y que de alguna manera ha podido sustituir los trámites prensenciales en las oficinas de la administración pública, facilitando la presentación telemática de muchos trámites administrativos, una práctica que ya hace unos años se ha ido implantando progresivamente, quedando anulada la comunicación directa y personalizada. La tecnología ha ayudado en la rapidez de la presentación telemática, pero, paradójicamente, no en la inmediatez del pago de las prestaciones, habiendo en estos momentos trabajadoras que aun no han recibido pago alguno. Vete a saber donde reside el problema...




El teletrabajo ha sido el alivio para muchas trabajadoras, permitiéndoles conciliar la vida familiar con la laboral. Sin lugar a dudas, el teletrabajo deja una puerta abierta al empresario, y lo que en estos momentos ha sido una prueba piloto por la situación forzada, seguramente que en el futuro comportará nuevas formas de relación laboral a bajo coste en muchos sectores económicos.

Nos hemos dado cuenta cómo todo un país puede pararse económicamente cuando toda la clase obrera no acude a su lugar de trabajo, un indicador significativo de que el poder está en la propia clase obrera, siendo esta clase el motor que hace funcionar el capitalismo. 

Aprender de todo aquello que nos sucede es importante siempre que sepamos analizarlo y no percibirlo como algo natural que ocurre porque sí, necesario para poder crear nuevas prácticas sociales más justas, necesarias para mejorar nuestras vidas. El empoderamiento y la desobediencia  posiblemente puedan ser las primeras a asumir de forma consciente. Como dice el refrán quien mucho duerme, poco aprende, si no despertamos y nos ponemos a pensar y a obrar, no seremos capaces de abrir nuevos caminos, pero sí de permanecer donde estamos ahora. Ese interés de supervivencia y de salvar nuestro confort, un confort enmascarado y maquillado por una publicidad engañosa, solo generará más división y fractura entre la clase trabajadora.


Lola López
La Guerrilla Comunicacional




lunes, 11 de mayo de 2020

TODO ESTÁ SALIENDO MAL


El confinamiento al que nos obliga el gobierno del estado para la gestión del coronavirus está siendo aprovechado por buena parte de la población para cocinar, hacer deporte en casa, leer, tomar el sol en la terraza, conocer a sus vecinos de balcón, cantar, aprender mil cosas en webinars gratuitos y directos de Instagram, etc. Parece que si no estás encontrando tu paz interior, creciendo como persona, autoconociéndote y superando los limites de tu “yo corpóreo” no éstas haciendo bien las cosas o, peor aún, eres un egoísta por no entender tu responsabilidad ciudadana en esta crisis. Tienes la obligación de ponerle una sonrisa a esta horrible situación.

Sinceramente, a pesar de que no puedo negar que en ciertos momentos he agradecido la paz del confinamiento, he de decir que no he mejorado como ser humano gracias a él. No soy más solidaria con mis vecinos, no he hecho nada de deporte y no he visitado ningún museo online, aunque sí he comido mucho más de la cuenta. Lo que tampoco he hecho ha sido salir a aplaudir al balcón cada día a las ocho de la tarde, a pesar de ser muy consciente del gran esfuerzo que el personal sanitario está realizando en estos momentos. Y no lo he hecho porque creo firmemente que no son los héroes y heroínas del siglo XXI, sino los mártires de un sistema sanitario recortado hasta la saciedad, maltratado y exhausto, y no pienso velar con mi aplauso la responsabilidad que tiene el gobierno sobre la situación que están viviendo estas personas y las muertes que esta crisis está generando a causa de la privatización del sistema sanitario que debería ser de todos. 

La emotiva foto de una enfermera llorando tras trabajar 53 horas
y el mensaje de apoyo de su hermana.
(La Vanguardia)

La asociación Mal del Cap, hermana de La Guerrilla Comunicacional en Ibiza, está llevando a cabo una serie de charlas a través de Youtube, “Converses Mal Dites”, y el otro día hablaron con Vanessa Pérez Gordillo(1), autora de “La dictadura del coaching”(2). Uno de los temas que salió en esta conversación, y que me hizo pensar mucho en el momento que estamos viviendo, es la superficialidad con la que la filosofía del coaching aborda las situaciones de la vida y el egocentrismo con el que las trata. “Si yo me esfuerzo, yo lo conseguiré”, como si no hubiera en el mundo más factores que nuestra propia voluntad a la hora de conseguir lo que queremos. Esto puede generar mucha frustración y mucha culpa en aquellas personas que, por más que se esfuercen, no consiguen sus metas, pero sobretodo, elimina la responsabilidad de entes en jerarquías superiores. Es decir, yo deseo que se acabe de una vez por todas el confinamiento y poder abrazar así a mi familia y a mis amigos. Lo deseo muy fuerte, me esfuerzo mucho en no salir a la calle si no es imprescindible, en lavarme las manos y en llevar mascarilla. Pero no puedo controlar lo que hacen mis vecinos y, muchísimo menos, puedo controlar lo que hace el estado. Por lo tanto, no veo que mi deseo se vaya a cumplir pronto.


Los niños inundan con sus dibujos las ventanas de todo el país: 
"¡Todo va a salir bien!"
(LaSexta)

No tengo intención de criticar los carteles con arcoíris que las criaturas han colgado en los balcones y ventanas de sus casas con el mensaje “todo saldrá bien”, porqué justamente a su edad merecen tener esperanza y alegría incluso en los peores momentos. Pero los adultos no debemos caer en ese discurso naíf. Estamos encerrados por la ineptitud de un gobierno que no reaccionó a tiempo a pesar de tener experiencias de otros países de las que aprender, que no facilitó el material de protección necesario al personal sanitario, que insistió vergonzosamente en dar una respuesta unitaria al virus confundiendo el sentido común con el nacionalismo, y que ha dejado claro que antepone la economía a la vida. Justamente es también el sistema capitalista el que nos ha llevado hasta aquí. Las mascarillas han aumentado hasta un 500% su precio habitual, unas mascarillas imprescindibles para las trabajadoras de hospitales pero también para todas las demás. Eso significa que hay empresarios, seres humanos, que han decidido sacar tajada de la muerte de miles de personas que, además, a menudo mueren solas sin poder despedirse de sus seres queridos. No soy capaz de imaginar qué tipo de “yo interior” se ha trabajado el monstruo que se enriquece subiendo el precio de las mascarillas para no sentir remordimiento por ello, pero soy consciente que lo mismo sucede con el precio de la vivienda, por ejemplo. No estamos ante un caso aislado que desaparecerá cuando “todo vuelva a la normalidad”. Esta es nuestra normalidad y no lo queremos ver.

No va a salir todo bien. De hecho, todo está saliendo mal desde hace mucho tiempo y todo irá a peor si no hacemos algo. Dejémonos de mirar el ombligo y de intentar crecer como personas y tratemos de crecer como sociedad, en conjunto, de forma crítica y colectiva. No nos conformemos con aplaudir durante un par de minutos al día si después vamos a seguir avalando con nuestro pasotismo y nuestro voto los recortes en sanidad. No aceptemos todo lo que se nos da tan masticado a través del televisor y las redes, e intentemos ir un poco más allá, ser más críticos. No pensemos que todo saldrá bien si queremos, seamos conscientes del mundo en el que vivimos y de donde están los verdaderos responsables.


Clara Castrillo
La Guerrilla Comunicacional