martes, 31 de marzo de 2020

CUBA: EL AMOR EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Crónica de Ketty Castillo desde La Habana
La Guerrilla Comunicacional



No es la primera vez que Cuba da un ejemplo de solidaridad al mundo. Lleva haciéndolo desde el triunfo de la Revolución. Tampoco es la primera vez que los médicos y el personal sanitario cubanos dan un paso al frente y acuden a prestar sus servicios a los lugares más recónditos del planeta. Pero, esta vez, los grandes medios de comunicación no pueden ocultarlo porque es la rica Europa, el mundo desarrollado, quien pide ayuda a la medicina cubana, al Gobierno Revolucionario, a los apestados comunistas. Cuba es una potencia mundial en medicina y en investigación científica. 


Interferon alfa-2b, efectivo medicamento cubano para enfrentar COVID-19


Los médicos chinos han utilizado un médicamento cubano, el INTERFERÓN ALFA2 B, para paliar los efectos de la enfermedad y 15 países lo han solicitado a las autoridades cubanas. Sin embargo, hasta ahora, este esfuerzo tremendo de un país pequeño y bloqueado durante sesenta años por la primera potencia mundial, ha sido ignorado y ocultado por las multinacionales de falsimedia. Durante décadas, el ejercito de batas blancas de Cuba ha acudido a brindar sus conocimientos, su Humanidad y su amor, a los pobres de la tierra. Pero eso no trascendía, no era importante. Ahora ya no se puede tapar el sol con un dedo: médicos cubanos en Italia o Andorra y Cuba salva a los cruceristas del barco británico al que sus principales aliados habían condenado a una muerte segura. Tanto es así, que el esperpéntico presidente de los EE.UU, Donald Trump, ha intentado denostar la colaboración cubana, señal inequívoca de que le escuece la repercusión mundial que está teniendo. 


El crucero Braemar de la línea Fred Olson, anclado en La Habana


Cuba y su Revolución, este pequeño país de recursos limitados, de inmensas dificultades y carencias por causa del bloqueo de EE.UU, sigue siendo la esperanza de la Humanidad, un ejemplo para el mundo. Y todo esto lo hace sin descuidar la protección de la población, tomando todas las medidas para que que la epidemia no se expanda dentro del país. A fecha del 25 de marzo, hay 57 casos confirmados de Coronavirus en Cuba, todos importados, dos de ellos en estado crítico por padecer patologías previas como diabetes, cardiopatías, hipertensión... Uno de los primeros casos, un turista italiano, no pudo superar la enfermedad y falleció a causa de su avanzada edad y de otras patologías. No existe, por el momento, transmisión local. Pero esta cifra puede aumentar porque 1.479 personas se encuentran en vigilancia epidemiológica y, de ellas 632, son sospechosas de sufrir la enfermedad. Ante esta situación, de aumento de casos importados, se ha tomado una serie de medidas que entraron en vigor el día 24. 




Se ha cancelado toda la entrada de turistas al país. Sólo pueden llegar los cubanos que se encuentren en el exterior y los extranjeros que residen en Cuba. Todos son trasladados, directamente, desde el aeropuerto a centros de aislamiento para guardar una cuarentena de 14 días. Los que entraron antes de esa fecha, como es mi caso, si no presentan síntomas, guardan cuarentena en sus casas y también están siendo seguidos por los consultorios médicos correspondientes. De ahí el número de casos en vigilancia epidemiológica. Los turistas que todavía permanecen en Cuba,  porque aún no han podido ser repatriados a sus países de origen, no pueden salir de los hoteles. Igual medida para los que se encuentran en casas particulares de alquiler. En este caso y en algunas zonas, están siendo trasladados, de forma paulatina, a diversos hoteles manteniéndoles el mismo precio que pagaban en las casas de alquiler. 


Desinfección exhaustiva en los hoteles cubanos


Se suspende todo el transporte aéreo, marítimo, ferroviario y por carretera entre provincias, salvo por causas humanitarias. Se cierran todas las piscinas, incluidas las de las instalaciones hoteleras. También se cierran discotecas, salas de fiesta, teatros, museos, cines, gimnasios, áreas recreativas... Se mantienen abiertos los restaurantes, pero limitando el número de mesas para establecer la distancia mínima de seguridad. Todos los comercios y restaurantes deben tener a la entrada una solución desinfectante a disposición del público que está obligado a utilizarla antes de entrar en el establecimiento. Por eso se ha incrementado la producción de lejía, con la que se prepara la solución, y se ha incrementado el número de puntos de venta. Se suspenden las clases de todos los niveles y se pone en marcha, a través de la TV, una programación especial para que los estudiantes puedan seguir con la rutina curricular. Sólo permanecen abiertos los círculos infantiles, dejando a voluntad de los padres la asistencia de sus hijos.  


Propuesta de parrilla televisiva Canal Educativo

   
La mayor dificultad está en el transporte urbano, sobre todo en la capital, históricamente masificado. En este caso, se va a limitar la circulación de los autobuses articulados o “camellos”. Se ha dado instrucciones a los chóferes para que lleven mascarilla y para que, después de cada recorrido, desinfecten el vehículo. Se hace un llamamiento a la población para que no salga de sus casas salvo que sea por extrema necesidad y se pide que utilice las mascarillas dentro de las guaguas. Otro problema importante es el de las clásicas colas para adquirir los productos de primera necesidad que escasean a consecuencia del recrudecimiento del bloqueo de EE.UU. Por eso se pide constantemente a la población que no se amontonen y que guarde la distancia de seguridad, además de utilizar mascarillas. Pero también se están estudiando otras medidas para acercar los productos al ciudadano.


Costureras cubanas cosiendo mascarillas

  
La fabricación de mascarillas o “nasobucos”, como les llaman aquí, se está llevando a cabo por el Estado pero también por talleres de costura y de artesanos y por particulares que con cualquier pedazo de tela y una máquina de coser, los fabrican y distribuyen entre familiares, amigos y vecinos. Una iniciativa solidaria que demuestra el nivel de este pueblo. A todos los trabajadores que puedan realizar sus funciones desde casa se les mantendrá el cien por cien del salario y a los autónomos que vean reducidos sus ingresos o que tengan que cesar en su actividad, no se les cobrarán los impuestos.

Todas estas medidas que entraron en vigor el día 24, tienen vigencia por un mes que puede ser prorrogable de acuerdo a cómo evolucione la epidemia. No obstante, las autoridades se lamentan de que todavía no existe en la población la suficiente percepción de riesgo, sobre todo entre los jóvenes, por lo que se ofrece una constante información en los medios de comunicación con llamamientos a la responsabilidad.  


En cualquier caso, este pueblo y su Revolución están curtidos en mil batallas y tiene una amplia experiencia organizativa para enfrentar catástrofes y situaciones de emergencia. Como dice el presidente Miguel Díaz Canel: vivirá y vencerá. 


Ketty Castillo
La Guerrilla Comunicacional 








martes, 24 de marzo de 2020

TENGO ALGO QUE CONTARTE (36)

Correspondencia entre dos mujeres


TE HE TEJIDO UN SUÉTER


Mi amiga,

ya ha pasado el invierno. Ya sabes que es esa estación que a mí siempre me sobra, el frío y yo no acabamos de entendernos y eso que a mi edad ya he tenido tiempo para acostumbrarme, porque llega cada año. Pero así somos de cabezones los dos, él por insistir sin faltar nunca a su cita y yo por enojarme con él cada vez que llega. Vuelven las capas de ropa, la humedad en el ambiente que se cuela por cada poro y rendija hasta ir encogiéndote poquito a poco. Vuelven las pocas horas de sol, aunque es cierto que cuando está es como un tesoro, cálido y agradable. El otoño se llevó consigo el vestido de buena parte de la vegetación dejándola desnuda y gris, y este sol invernal confiere una luz que la viste de transparencias, le da vida a lo que parece muerto. Ahora, de la paleta de colores naturales, ya empieza a ser el verde el que predomina.




¡Tengo tantas cosas que contarte! Se van sucediendo tantísimos asuntos que me van atropellando en urgencia y ganas de explicarte. No sé muy bien cómo ordenarlos, porque cada uno que llega solapa en importancia al anterior.

Nos pasó el temporal Gloria (qué ironía de nombre a un efecto tan destructivo, ¿verdad?). Fue una tormenta de pocos días, durante la que pensé mucho en tí, en vosotros. Me hice una idea muy clara de cómo deben ser de terribles vuestros huracanes, tan frecuentes e intensos. Imaginaba que si a nosotros nos dejó arrasados campos, nos desmontó vías ferroviarias y puentes, nos inundó pueblos y el mar nos invadió como huésped no invitado en paseos y casas; como sería cuando a vosotros se os gira la furia de los elementos en contra con todo su arrebato y con toda la cola de consecuencias que va dejando. Al final todos vamos aprendiendo (o deberíamos), que nuestro engreído poderío es bien chiquitín ante las fuerzas que no controlamos, y en eso la naturaleza es la number one.

Ahora mismo tenemos entre manos otra patata caliente: el coronavirus. Ese bichito tan minúsculo que está poniendo en jaque a gobiernos, sistemas sanitarios, economías, actitudes y pavores de la población. No entraré de ninguna forma en debates alternativos que circulan sobre posibles causas intencionadas, o sobre intereses poco claros en su gestión, porque éste sí que es terreno abonado a las elucubraciones, que al menos yo, no estoy en condiciones de mantener ni defender, por escepticismo al respecto y por desconocimiento de todas estas teorías. Sólo te hablaré de la realidad manifiesta, la que vamos viviendo al día.

Resulta que el bichejo en cuestión, que se presenta en sociedad en China, tiene ansias de ver mundo y se va trasladando e instalando en cuantos países le apetece. Al principio el pueblo chino quedó en el punto de mira mundial, señalándolo con dedo acusador de ser causante de la epidemia y de su mala contención. Debió demostrar al mundo que era capaz de medidas rigurosas, disciplinadas y colectivas, pero aun así, cruzarse aquí con individuos de ojos rasgados (no importaba si habían nacido en Pekín o en Cuenca), provocaba reacciones de lo más kafkianas y deshilvanadas en una sociedad, que dese aquí, se lo miraba con ojos de lejanía y crítica.




El espíritu viajero del virus le llevó pronto (haciendo escala en otros muchos sitios) a la bella Italia. Se instala en su norte, su parte más rica, más “europea”. Ahora son los italianos los apestados, pero cada vez el dedo acusador tiene la distancia acusatoria más corta, y en cuatro días nos visita al resto de Europa. Ay amiga, aquí cambia la cosa. Ahora sí que parece que esto va en serio. Ahora ya no tenemos dedos suficientes para acusar a todos y a nadie a la vez. Ahora cada país empieza sus medidas de contención, y ante el fracaso final, acabar por implementar aquellas que el pueblo chino bordó. Aquellas que nos parecían propias “de la dictadura comunista”, ahora son las nuestras, las que vemos como justas y necesarias. Quedamos confinados en casa reduciendo al mínimo la actividad social, y como primera medida nos sacaron al ejército y todos los cuerpos policiales a la calle. Primera sorpresa, no sabía yo si querían matar el virus a escopetazos, porque en realidad lo que nos faltaba era material sanitario. Resultó ser para hacer cumplir las órdenes del confinamiento, porque lo que el pueblo chino hizo (y sigue haciendo) casi voluntariamente, aquí aún hay a quienes les cuesta entender eso de que el bienestar personal no debe estar por encima del bien común. Las fuerzas armadas ahora también ayudan en tareas de limpieza y transporte, cosa estupenda, y que a falta de maniobras militares que hacer o de contienda que librar a la vista, también les proporciona actividad. A todo esto, el virus sigue progresando a sus anchas en su ciclo natural y mortífero, se sigue llevando a los abuelos más débiles, y riéndose a carcajada limpia de nuestras brechas organizativas.

Hoy, aunque imposible obviarlo, no quería hablarte exclusivamente del maldito virus. No me puedo escapar a referirlo porque el 99% de la información que nos llega desde cualquier medio (televisión, radio, redes sociales,…) está dedicada a él. Esta grave crisis lo ocupa todo, nuestras recluidas vidas en casa sólo parecen alimentarse de esta pandemia. Me pregunto estos días si ya acabó la guerra en Siria; si los millones de gentes refugiadas ya no lo están y volvieron a sus casas; si las pateras cargadas de desesperados siguen naufragando en el mar, si alguien las siguen rescatando; si en África ya todo el mundo come ….En fin, si todas estas personas que hasta ahora existían siguen existiendo y si los problemas que había ya no los hay. ¿El virus también pasa para ellos, o al no tener casa donde confinarse decidió pasar de largo? Europa ha cerrado fronteras como medida de contención sanitaria. ¿Habrán notado alguna diferencia todas estas gentes, o como para ellos siempre estuvieron cerradas nadie les ha dicho ni que corre un virus? Son pequeñas dudas que me asaltan a menudo, porque de repente hemos dejado de saber sobre una parte del mundo. Y lo peor es que estamos tan concentrados en nuestra angustia vírica que tampoco nos interesa lo más mínimo. Es un momento crudo y angustioso para todos, del que ahora no deseo seguir contándote. Cuando haya pasado y todos podamos respirar un poco, hablaremos largo y tendido sobre este tema, seguramente desde el sosiego necesario.




Sí te cuento sobre otro tema que nos queda eclipsado con esta marabunta: nuestro rey emérito. Amiga mía, los republicanos de este país no estamos de suerte, pero creo que los monárquicos tampoco. Por cierto, ¿no te parece una monárquica ironía lo del “coronavirus”, cuando parece que sobre este estado se haya abatido un virus con corona? Estos días tenemos noticias (dentro de ese 1% que deja libre el bichejo) sobre las actividades corruptas de Juan Carlos I. Parece ser que son de escándalo los turbios negocios con los jeques árabes (entre otros), la fortuna que amasa y esconde en paraísos fiscales, los líos de faldas con gratificaciones millonarias,…en fin, lo que se dice “una conducta ejemplar como jefe de estado” no parece ser precisamente. Y lo más triste es que como la Constitución recoge que "la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad", y que no tenemos una mayoría del Congreso éticamente íntegra y progresista, pues no se pudo crear ni una comisión de investigación sobre el tema. Sí señora, increíble pero cierto. El rey en activo, hijo del protagonista del affair, dirigió un discurso a la población el otro día, en el que algunas mentes cándidas pensaban que daría alguna explicación al respecto; pero como era previsible todo giró en torno al virus dichoso y en lo buenos patriotas que somos todos (se le olvidó decir “y lo tontos” que somos o nos considera), porque si no, no se explica este silencio como respuesta a acusaciones tan graves. Ah!, también le retiró la paga y casi la pertenencia a la familia real, que no parece ayudar mucho a la idea de que no pase nada, ¿verdad?, pero con el grave momento sanitario que vivimos, su corona ha quedado diluida entre la de los virus.

Y aunque hasta ahora te haya contado sobre tantos temas que nos atropellan, en realidad y sobretodo quería hablarte sobre nosotras; sobre los malos momentos en salud a superar, sobre la tremenda fuerza que se saca de no se sabe dónde para luchar contra la adversidad; de lo afortunadas que somos por tener unos sistemas sanitarios tan buenos; de lo lejos que estamos y de lo que nos queremos, mandándonos ese cariño océano arriba y abajo pero llegando siempre los ánimos, los abrazos y besos, quién sabe si transportados por olas y nubes cómplices.

A mí este caos mundial me ha sorprendido ya recluida en casa, con un pie operado y caminando de forma ortopédica como pato mareado. Nada importante ni grave, solo lento y molesto. A ti te sorprendió también operada, descubriendo la manera de no dar cancha a la enfermedad, y haciendo del ánimo una madeja delicada, a punto de romperse a veces, pero de hilo irrompible e infinito, capaz de ir envolviendo y fortaleciendo las situaciones más frágiles. Y en medio de este gran caos mundial, se van librando los pequeños caos personales y domésticos. La ciencia nos acompaña y nos ampara; el resto, la resistencia, la positividad y las ganas las ponemos nosotras. Hemos hablado y coincidido muchas veces sobre este tema, cuando decimos que la parte más íntima, más anímica, más emocional es una parte decisiva sobre la física, la orgánica. ¿Recuerdas cuánto hemos reflexionado sobre ello? ¿Y como reafirmarlo nos apuntalaba mutuamente? Pues bien, amiga mía, ahí seguimos apuntaladas, en la lucha sin cuartel a la enfermedad, y devanando constantemente esa madeja de ánimos, tejiendo ese infinito hilo para que no se rompa, tejiendo y tejiendo un lindo suéter que te abrace cuando lo necesites. Es lindo de veras, ahí te lo mando, es válido para todos los climas y estaciones. Te lo podrás seguir poniendo cuando haya pasado todo y dirás: ¡pero qué guapa estoy, hay que ver qué bien me sienta el color de los besos!




Mi amiga, te envuelvo el suéter en mi más fuerte abrazo.


vicentita



martes, 10 de marzo de 2020

JUNTOS, SIEMPRE SERÁ MEJOR


Seguramente pocas cosas crean hoy día tanto consenso como ese término que hemos dado en llamar cambio climático. Si excluimos a Trump y algunos de sus correligionarios ideológicos  (a quienes parece traer al pairo el tema, o en el mejor de los casos, optan por la negación como el mejor de los remedios), estamos de acuerdo en que el clima está cambiando, y con él nuestra vida. Se modifican las temperaturas, las estaciones, las lluvias y las sequías, las enfermedades, la fauna, los cultivos,….en fin, esas “cuatro cosillas sin importancia” para la supervivencia de la especie.

Si nos centramos en el tema tierra-sustento, en cómo está el medio que nos ha de alimentar, el panorama no es muy halagüeño. Se siguen manteniendo los eternos desequilibrios alimentarios entre países, agravados por los trastornos climáticos y los envites meteorológicos cada vez más frecuentes y violentos. Añadimos las modas alimentarias que la globalización y el mercantilismo nos hacen ver como imprescindibles, transportando ciruelas, uvas, calabazas, espárragos y semillas varias constantemente de un continente a otro, para poder comer en un lado del mundo en una estación, lo que la tierra le dará en la estación próxima al lado de casa. Vale más no contar el combustible-contaminación empleado en ese transporte; el empaquetado-plastificado necesario para que llegue decente; a cuánto se pagará en origen si queremos un precio final asequible después de tantas manos en el proceso,….Sí, vale más no pensarlo si nos queremos comer unas uvas chilenas o una calabaza de Perú sin que se nos haya cortado la digestión antes de empezar a hacerla.




Y es que el tema del campo debería preocuparnos más de lo que lo hace. Olvidamos que dependemos de él y de la gente que lo cultiva si queremos seguir existiendo. Hace poco asistimos a la revuelta de los tractores en varios puntos del estado español.  (No entro en la oportunidad, pues parece que ha sido el reciente gobierno de coalición progresista el causante de todos los males de nuestro agro. No entro tampoco en el perfil de algunos de los protestantes, aunque de campesinos parecían tener poco. No entro en el enigma de si tienen identificado al verdadero adversario). En todo caso fue una protesta de los agricultores para dejar patente el pésimo panorama agrario: los privilegios de subvenciones europeas a grandes latifundios (aunque sean improductivos); la dificultad de competir entre pequeños y grandes productores; la desigualdad entre los precios de origen y los del consumidor provocado por las grandes compañías agrarias y la cadena de distribución, son los principales puntos flacos de este mal sistema. 

En esta revuelta los agricultores y ganaderos exigían al gobierno más ayudas para el campo. Es lícito y seguramente necesario. Pero si no se puede (o no se quiere) incidir en la impunidad de actuación de las grandes empresas agrarias, serán ayudas siempre insuficientes. Esas pocas pero poderosas compañías marcan los dos extremos del proceso: desde el inicio con el precio de semillas, insecticidas y fertilizantes necesarios, hasta el final en el precio que se pagará por cada kilo de producto. Queda claro que los dos extremos de este proceso están tan desajustados que en medio queda todo el tiempo y trabajo de los agricultores para la producción, con resultados paupérrimos para ellos. Cada vez se necesita mucha más tierra cultivada para acabar ganando menos dinero.




Es un debate político sobre el sistema alimentario que queremos, donde la calidad, la diversidad y la eficiencia de cultivos sea la base. Y quizás sea el trabajo cooperativo una de las herramientas con las que combatir el expolio de latifundios, grandes compañías y leyes de mercado perversas. Sistema cooperativo para producir, para vender y para comprar. Si bien los dos primeros son más conocidos y practicados, el tercero está menos extendido y sería igual de importante. Comprar de forma colectiva a través de las cooperativas o grupos de consumo es potenciable. Algunos que conozco, y en concreto el que formo parte, parten de tres criterios al comprar: producto ecológico, de proximidad y condiciones laborales dignas en origen. Resulta que no es tan difícil, y se descubren grandes cosas: las familias que deciden juntarse para comprar juntas adoptan un papel activo en el consumo, decidiendo cómo quieren hacerlo y bajo qué criterios. Los pequeños productores tienen la posibilidad de vender sus productos cerca de su casa directamente, con la consiguiente disminución de transporte y un precio justo que recibe íntegramente sin intermediarios. Volvemos a recuperar los productos de temporada como base de nuestra dieta, recordando que la tierra tiene ciclos y debemos respetarlos. Los grupos de consumo funcionan porque todos sus miembros participan en ello, es un trabajo colectivo donde todos somos necesarios y responsables, un “modus operandi” tan positivo que no está mal recordar y practicar en este mundo de individualidades y competencias constantes a que estamos sometidos. Igual, cuando alguien convenza a Trump &Cia de que el tiempo está cambiando, cuando vengan las lluvias sólo tendremos campos baldíos sin trigo que regar.




Nos dice el diccionario que cooperar es obrar, colaborar con otro u otros para un mismo fin. Pues probablemente producir, comprar y vender de forma cooperativa sea el sistema más indicado para intentar frenar estos bárbaros desequilibrios. Los grandes cambios siempre empiezan por los pequeños y múltiples, y estos, como individuos consumidores sí que están en nuestras manos. Juntos, siempre será mejor.


Pilar Parra
La Guerrilla Comunicacional



martes, 3 de marzo de 2020

ACOSTUMBRADAS A LA PRECARIEDAD


Sueldos de miseria, horarios laborales interminables, pobreza energética, compartir piso por no poder asumir un alquiler en solitario, cábalas para llegar al final de mes, trabajos sin continuidad, trayectos largos para llegar al lugar de trabajo ... El día a día de la clase trabajadora es una gincana de dificultades. Y con poco tiempo para podernos dedicar a nosotros y a nuestra red emocional. Este ritmo nos obliga a un ejercicio de adaptación que nos deja agotadas, sin fuerzas para hacer nada más allá que sobrevivir, un día más.

En este entorno, las personas que vivimos en comarcas, tenemos que añadir una movilidad poco sostenible y pagamos en tiempo las carencias de un transporte público que prima la rentabilidad sobre el servicio. Las molestias sufridas, hasta ahora, eran cuestión de horas o de días hasta que remitía la causa y excusa de las incidencias; pero la llegada de la tormenta Gloria ha puesto en primer plano las deficiencias de una red de transporte público que se denunciaba desde hace muchos años. Este episodio ha dejado una serie de daños que, según los gestores de los bienes públicos, tardarán meses en solucionar. Líneas de tren impracticables porque se han caído puentes, ha habido deslizamientos y se han roto tramos de vías y catenarias...




Los daños en la infraestructura se miden en euros y las administraciones se afanan en poner cifras para poder hacer frente al desorden. En esta danza de números nadie, nadie habla sobre lo que la mala gestión de tiempo y recursos repercute en la usuaria final de este transporte público. Pero obviamente las damnificadas sufren, sufrimos, su incompetencia, en primera persona del plural. Ahora tenemos que dedicar más tiempo personal a desplazarnos al trabajo, al médico o realizar trámites que sólo en la Capital se pueden hacer. Llegar a Barcelona se convierte en una odisea y nunca sabes que puede pasar. Olvídate de cumplir un horario, olvídate de la tranquilidad porque a lo largo de todo el trayecto, que se ha ampliado un promedio de media hora, tienes que añadir mil y un motivo más de posibles incidencias. Aquella imagen bucólica que presenta los viajes en tren como relajados y tranquilos ya hace años que para los usuarios de cercanías quedó borrada; pero ahora, aunque, se ha agravado con las consecuencias (totalmente previsibles) de una tormenta que volverá a repetirse según los expertos medioambientales.




Ahora asumimos el mismo precio de un billete de transporte que lo único que ofrece es llevarte de un punto a otro sin garantía, eso sí, de llegar en el tiempo previsto. Asumimos gastos de gasolina y peajes por todas aquellas que no pueden permitirse un incremento de tiempo de trayecto porque sus horarios están cuadrados para poder atender y compatibilizar su familia, sus hijos, su día a día de faenas en el hogar imprescindibles para la supervivencia.

Asumimos un Incremento del riesgo, al tener que coger el transporte privado para realizar desplazamientos por carretera más largos de los habituales y con una circulación que ha crecido por la misma causa, problemas de aparcamiento, de emisiones de CO2... Todo un despropósito que no se contabiliza en las cifras oficiales.

Y es por la asunción silenciosa y resignada de las usuarias que me ha venido a la cabeza el título de este artículo.




Estamos tan acostumbradas a la precariedad vital que acatamos sin protestas, sin gritos y con una resignación dolorosa todos los inconvenientes sobrevenidos. La rabia, si aparece, nos la tragamos de un trago y nos va envenenando por dentro. Eso sí, cada una la suya, como una cuestión individual tal como el sistema nos ha dicho que tenemos que vivir; no sea que si la compartimos nos empoderásemos y llamáramos y detuviéramos la producción y la rueda del consumo, porque claro, ya se sabe que si esto ocurre las responsables de nuestra miseria y de la represión recibida seriamos nosotros para crear disturbios y no obedecer .

Acostumbradas a la precariedad hemos aprendido a callar, a asumir, a obedecer y morir por dentro un poco más cada día. Nos hemos creído que nuestra vida y nuestro tiempo no nos pertenecen sino que forman parte de un engranaje y que sólo somos piezas fácilmente reemplazables.

Y así nos va!

Mª Àngels Esteban Rodríguez
La Guerrilla Comunicacional




ACOSTUMADES A LA PRECARIETAT


Sous de misèria, horaris laborals interminables, pobresa energètica, compartir pis per no poder assumir un lloguer en solitari, càbales per arribar al final de mes, feines sense continuïtat, trajectes llargs per arribar al lloc de feina... El dia a dia de la classe treballadora és una gimcana de dificultats. I amb poc temps per poder-nos dedicar a nosaltres i a la nostra xarxa emocional. Aquest ritme ens obliga a un exercici d’adaptació que ens deixa esgotades, sense forces per fer res més enllà de sobreviure, un dia més.

En aquest entorn, les persones que vivim a comarques, hem d’afegir una mobilitat poc sostenible i paguem en temps les mancances d’un transport públic que prima la rendibilitat sobre el servei. Les molèsties patides, fins ara, eren qüestió d’hores o de dies fins que remetia la causa i excusa de les incidències; però l’arribada de la tempesta Gloria ha posat en primer pla les deficiències d’una xarxa de transport públic que es denunciava des de fa molts anys. Aquest episodi ha deixat una sèrie de danys que, segons els gestors dels bens públics, trigaran mesos en solucionar. Línies de tren impracticables perquè s’han caigut ponts, han hagut esllavissades i s’han trencat trams  de vies i catenàries...




Els danys a la infraestructura es mesuren en euros i les administracions s’afanyen a posar xifres per poder fer front al desgavell. En aquesta dansa de nombres ningú, ningú parla sobre el que la mala gestió de temps i recursos repercuteix a la usuària final d’aquest transport públic. Però òbviament les damnificades pateixen, patim, la seva incompetència, en primera persona del plural. Ara hem de dedicar més temps personal a desplaçar-nos a la feina, al metge o a realitzar tràmits que només a la Capital es poden fer. Arribar a Barcelona esdevé una odissea i mai saps que pot passar. Oblida’t d’acomplir un horari, oblida’t de la tranquil·litat perquè al llarg de tot el trajecte que s’ha ampliat una mitjana de mitja hora, has d’afegir mil i un motiu més de possibles incidències. Aquella imatge bucòlica que presenta els viatges en tren com a relaxats i tranquils ja fa anys que pels usuaris de rodalies va quedar esborrada; però ara, encara, s’ha agreujat amb les conseqüències (totalment previsibles) d’una tempesta que tornarà a repetir-se segons els experts mediambientals. 




Ara assumim el mateix preu d’un bitllet de transport que l’únic que ofereix és portar-te d’un punt a l’altre sense garantia, això sí, d’arribar en el temps previst. Assumim despeses de benzina i peatges per totes aquelles que no poden permetre’s un increment de temps de trajecte perquè els seus horaris estan quadrats per poder atendre i compatibilitzar la seva família, els seus fills, el seu dia a dia de tasques a la llar imprescindibles per la supervivència.

Assumim un Increment del risc, a l’haver d’agafar el transport privat per realitzar desplaçaments per carretera més llargs dels habituals i amb una circulació que ha crescut per la mateixa causa, problemes d’aparcament, d’emissions de CO2....Tot un despropòsit que no es comptabilitza en les xifres oficials.

I és per l’assumpció silenciosa i resignada de les usuàries que m’ha vingut al cap el títol d’aquest article.




Estem tan acostumades a la precarietat vital que acatem sense protestes, sense crits i amb una resignació dolorosa tots el inconvenients sobrevinguts. La ràbia, si apareix, ens l’empassem d’un glop i ens va enverinant per dins. Això sí, cadascuna la seva, com una qüestió individual tal i com el sistema ens ha dit que hem de viure; no fos cas que si la compartim ens apoderéssim i cridéssim i aturéssim la producció i la roda del consum, perquè clar, ja se sap que si això passa les responsables de la nostra misèria i de la repressió rebuda seriem nosaltres per crear aldarulls i no obeir.

Acostumades a la precarietat hem aprés  a callar, a assumir, a obeir i a morir-nos per dins una mica més cada dia. Ens hem cregut que la nostra vida i el nostre temps no ens pertanyen sinó que formen part d’un engranatge i que només som peces fàcilment reemplaçables. 

I així ens va!

Mª Àngels Esteban Rodríguez
La Guerrilla Comunicacional



martes, 25 de febrero de 2020

CUANDO SEAMOS MAYORES...


Cuando seamos mayores..., es el título de un álbum ilustrado infantil de Almudena Suárez, que no he leído y no es precisamente de ello de lo que quiero hablar. Pero su título me centra el tema y me hace pensar en la situación, mejor dicho desatención, en la que se encuentran una gran parte de nuestros mayores, padres y/o abuelos.

Nuestro día a día, de la mano de una supervivencia inmensurable y frecuentemente difícil para llegar a final de mes, no nos da más tiempo para poder estar con nuestros padres y/o abuelos tanto como quisiéramos. Pero me pregunto si realmente es nuestra la responsabilidad. Me atrevo a decir que no, tímidamente pero convencida, porque desde el momento en que nuestros padres nos dieron vida creo que fue para vivirla libremente y encaminarla como cada uno de nosotros hemos querido y podido vivirla, es decir, para ser vivas como nos diera la real gana. La atadura hacia los padres y/o abuelos nos la ha marcado la propia sociedad, una sociedad patriarcal, llena de innumerables connotaciones religiosas. Pero esta libertad que implica la vida, y me refiero a la necesidad de realizar, experimentar, descubrir todo aquello que la vida nos puede dar fuera del rol que se nos asigna, especialmente al género femenino, no pasa ni mucho menos por el abandono de los padres y/o abuelos.




La economía de un país debe pasar también por la oferta de un mayor bienestar a las personas que alcanzan una edad en la que no pueden valerse por sí mismas, y que necesitan de un entorno acorde a sus necesidades, a sus actividades y relaciones propias de su edad. Un bienestar que les dé la oportunidad de sentirse todavía como personas útiles y dignas y, sobre todo, de sentirse escuchadas como excelente medicina que puede curar el frágil estado emocional de nuestros ancianos. Pero la realidad diaria nos muestra que no somos una sociedad preparada para atender y establecer los mecanismos necesarios para dar la atención que merecen y que necesitan nuestros mayores.




Los mecanismos económicos, como los políticos o sociales, para mejorar esa atención pueden ser fáciles, solo es necesario ponerlos en práctica sin un minuto de espera. Me decepcionan en este tema los políticos, y perdonadme si meto la pata, pero no recuerdo en ninguna agenda política o programa electoral que se hayan tenido en cuenta propuestas en la gestión de nuestros mayores para dar solución a las desatenciones que tienen que, después de las elecciones, se hayan puesto en práctica de manera inmediata. Por mi condición de mujer, a pesar de luchar repetidamente contra los roles sociales que me han sido marcados, me preocupa dicha situación, y me fijo, prestando atención a todo lo que envuelve a las personas mayores con necesidad de dependencia, quizás es porque también me veo reflejada en un futuro dentro de este mismo escenario. 

Utilizar las comparaciones de nuestras realidades con otras de nuestro entorno, y salvando las distancias que haya que salvar, nos puede ayudar a encontrar buenas prácticas y encaminarnos hacia otros modelos sociales que nos mejoren en el bienestar del día a día. Y en este sentido, pude conocer un espacio dedicado a la atención del anciano a muchos kilómetros de donde vivo. Un espacio que he podido visitar en cuatro ocasiones, compartiendo compañía y charla con personas que forman parte de él. La primera vez fue en el año 2009,  repitiéndose en los años 2011, 2014 y 2019. Este lugar llamado el Convento de Belén, que para nada su nombre nos indica que esté gestionado por alguna orden religiosa, todo lo contrario, pues su gestión y manejo se desarrolla gracias a un trabajo social y comunitario, y con la aprobación y apoyo de su gobierno, para que las personas de la tercera edad puedan ser atendidas y no desatendidas, con una participación del mismo colectivo de ancianas/os que son los principales actores de este bonito escenario.




Las conferencias, tertulias de los acontecimientos sociales nacionales e internacionales, la formación en el manejo y control de los nuevos cambios sociales, la cultura, con actividades teatrales, de canto, de lectura, de juegos diversos, actividades físicas, así como el seguimiento y controles de salud. Todo ello forma parte del día a día, durante los 365 días del año en ese bonito lugar. También se atiende con un servicio de cocina, ofreciendo el desayuno, la comida y la merienda. Todo ello tiene lugar como centro de día y como residencia permanente para aquellos que lo necesitan.




Todo este conjunto de vivencias compartidas se recogen y tienen lugar en una construcción del  siglo XVII, donde la primera congregación que ocupó este espacio fue la betlemita, con una fuerte vocación de servicio y especial apego a los enfermos y desvalidos, buscando una alternativa para el cuidado de personas enfermas combinándolo con la atención educativa a menores con  escasos recursos. Por avatares de la vida, posteriormente fueron los jesuitas quienes ocuparan dicho espacio, hasta que por cambios del rumbo en la historia de un país que luchó por su independencia y logró alcanzar una revolución socialista, durante mucho tiempo quedó abandonado este espacio hasta que se reactivó su restauración enfocándola hacia un proyecto social y comunitario como el que es actualmente. 




Este proyecto es un ejemplo más que me confirma que aunque un país no tenga suficientes recursos económicos puede ser capaz de invertir en proyectos sociales con bajo coste, y sabiendo gestionar los recursos necesarios para espacios necesarios y urgentes. Estamos hablando de la República de Cuba. 

Y ahora regresemos de nuestro viaje. A pesar de que se ha constatado un crecimiento exponencial de la población mundial, según Naciones Unidas se espera que aumente en 2.000 millones de personas en los próximos 30 años -me parecen unas cifras alarmantes- pero, en cambio, en Europa se prevé una disminución de la población importante, disminución que se ha venido constatando en las últimas décadas por una escasa tasa de fecundidad. Por lo que si continuamos alzando las vallas con nuestro continente vecino, África, quien parece ser que es el continente que más rápido crece, nos vamos a tener que autogestionar los recursos en comunidades con poca población activa y una gran cantidad de población anciana desatendida y teniendo mucho que aprender en lo que se refiere al trabajo colectivo. 

Solo deciros que nos vaya bonito, porque si no nos ponemos de inmediato a zurcir el descosido de este roto, como tantos otros, sin lugar a dudas que nos irá de lo más lindo...


Lola López
La Guerrilla Comunicacional




lunes, 17 de febrero de 2020

VIVIR EN EL EXTRARRADIO DE LA INDUSTRIA CINEMATOGRÁFICA


El cine documental está considerado como el hermano pobre de la industria cinematográfica. Yo diría más bien que es el digno mendigo en la puerta del hotel Ritz. Recibe menos ayudas institucionales que el cine comercial, las salas de proyección no exhiben la propuesta documental y en las televisiones no llega ni al 10% de la programación. El argumento de todos ellos es acudir siempre a la misma idea: “Al público no le interesa el cine documental”.

Voy a ser honesto y debo aceptar que el cine documental no atrae la misma atención que las producciones de ficción, no tiene tampoco las mismas oportunidades, pero, de momento, hay que aceptar la realidad y debemos reconocer que no ganamos esa batalla. Creo que tampoco tenemos intención de ganarla. Pero si no tenemos un aumento de las ayudas gubernamentales y no nos ganamos un poco de respeto con las salas de cine y la televisión, poco vamos a poder hacer.

Hay detalles que el público en general no detecta, o no conoce, y que me gustaría explicar brevemente aquí. En estos momentos, del 100% del fondo económico del Ministerio de Cultura, para ayudar a las producciones cinematográficas del estado español, los documentales no reciben más del 15%. A esto hay que sumarle que dicho fondo es de los más bajos en Europa. Otro detalle viene desde la misma academia del cine español a través de los premios Goya. En dicho certamen, el premio a la mejor película documental se entrega en la fase de los premios (con permiso) menores: sonido, vestuario, etc. ¿Cuando se dignará la academia a reconocer la importancia del documental y entregar el citado premio junto (antes o después) a la mejor película o mejor dirección?

Todo ello va sumando peso a esa mochila que llevamos a cuestas las que nos dedicamos al documentalismo. Y cada día nos pesa más. Aunque no todo es tan negativo.




El año pasado vivimos (y disfrutado) del éxito de varios documentales. Uno de ellos y sin querer desmerecer a los demás, es el del film “El Silencio de otros” de Almudena Carracedo y Robert Bahar. Extraordinario trabajo documental que ha recibido numerosos premios y reconocimientos, entre ellos el del Goya a la Mejor Película documental 2019. En los cines ha sido todo un éxito de taquilla y en la 2 de TVE reunió a más de cien mil espectadores. ¿Quién decía que el cine documental no le interesa al público?

Aún así, nuestro deber es luchar por dignificar nuestra profesión, reivindicar un mejor lugar en los reconocimientos y exigir un aumento de las ayudas o interés del mercado cinematográfico. Si no lo hacemos nosotras nadie lo hará. Aunque quiero indicar que siempre se habla de nuestras producciones como cine independiente, cosa que no es así. El cine independiente casi no existe, todo el cine es dependiente, dependemos de ayudas, ya que si no fuera así es casi imposible sacar adelante los proyectos.




Pero en lo que si aventajamos al cine de ficción, el cimiento más hondo y robusto que mantendrá nuestra dignidad, es que nosotras filmamos la realidad, construimos esa biblioteca universal de la memoria que pasado meses, años y siglos será siempre el recuerdo de nuestra sociedad. Como dice acertadamente Patricio Guzmán: “…el documental es también un espacio de reflexión de una sociedad. Constituye un análisis poético, ecológico, histórico, de un pueblo. Un país sin cine documental es como una familia sin álbum de fotos. Sin embargo, a pesar de los temas apasionantes que tratamos, nunca hemos disfrutado del éxito que proporciona el cine de ficción. Es bastante difícil para nosotros instalarnos adentro de la opinión pública. Somos un genero a contra corriente.”

Vivimos en el extrarradio de la industria cinematográfica porque lo que mostramos altera la zona de confort del poder. Somos subversivas y rebeldes de vocación. Por que rescatar, defender y difundir la memoria, hoy en día, es un acto de valentía y dignidad. Somos las obreras que mantenemos ese patrimonio de la memoria que ayudará a construir un futuro mejor.




En 1895 se rodó el cortometraje “La Sortie de l'usine Lumière à Lyon”, producido y dirigido por Louis Lumière. Su argumento: los obreros que trabajan en la fábrica de aparatos fotográficos Lumière en Lyon salen por la puerta que da a la calle Saint-Victor, después de una jornada de trabajo. Son, como mínimo, más de cien y en su mayoría mujeres. Mientras lo hacen, cada una va a la suya; conversando entre ellas; montando en bicicleta; yendo a pie o en un carro tirado por caballos,  completamente distraídas; jugando con un perro; haciendo alguna que otra broma, pendientes del objetivo; etc. Hasta que, finalmente, después de salir las últimas, el portero cierra las puertas.

Es considerada la primera producción en la historia del cine, el nacimiento del séptimo arte. Y mira por donde, es un documental.

Juli Suàrez
La Guerrilla Comunicacional

martes, 11 de febrero de 2020

CONTRA LA NORMALIZACIÓN DE LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA


Hace unos años tuve que llevar mi coche al taller porque se me calaba yendo a 120km/h por autopista. A pesar de la gravedad de la situación, cuando le conté al mecánico mi teoría me respondió con un “no, MUJER…” en tono burlón. Antes de ir ya tenía muy claro que probablemente mi teoría no era correcta, porque resulta que yo no estudié mecánica, resulta que yo sé de lo mío y no de lo de los demás, y resulta que, aún así, merezco un respeto por ser clienta y, sobretodo, ser un ser humano, a pesar de ser MUJER.
  
Seguro que mucho de vosotros, especialmente vosotras, os sentís identificadas con esta situación y habéis vivido alguna parecida. Imaginad que en lugar de que esto os suceda en el mecánico os encontráis semidesnudas y abiertas de piernas, en una sala fría e impersonal, rodeadas de personal sanitario que no se ha presentado al llegar y que no sabéis si son médicos, enfermeras, auxiliares o estudiantes de medicina que vienen a mirar y aprender de vuestro dolor. Y ahora imaginad que la razón por la que estáis abiertas de piernas es que estáis en el momento más importante y más trascendental de vuestras vidas: dando a luz a vuestro hijo. Imaginad que os tocan, os aprietan, os cortan y os pinchan sin daros ninguna explicación, que os regañan porque no empujáis bien o porque os quejáis demasiado. Imaginad que se llevan a vuestro hijo casi sin que lo podáis ver, no sabéis a donde, ni por cuanto tiempo, ni por qué.

Icíar Bollaín, como tantísimas otras mujeres, vivió una escena parecida y decidió denunciarla en el corto Por tu bien. En él, Luis Tosar interpreta a una partera humillada y ninguneada por el personal sanitario del hospital. Seguro que los señoros empatizan más con el tipo duro del cine español que con una actriz fina y delicada.




Ya en el siglo XIX, el doctor inglés James Blundell se refirió a este tipo de violencia machista con el término “violencia obstétrica”. Aun así, no fue hasta 2007 que ésta fue reconocida y penada por ley. La ley orgánica sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, aprobada por la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, publica en su artículo 15.13 que se entiende por violencia obstétrica la apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las mujeres por personal de salud, que se expresa en un trato deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad, impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres.

A Venezuela la siguieron países como Argentina y México, pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) no se posicionó al respecto hasta 2014*(1). España, por supuesto, sigue sin reconocer por ley la violencia obstétrica, lo cual no imposibilita denunciarla pero sí que dificulta sobremanera un resultado favorable para la víctima en el caso de tener la valentía de hacerlo. El pasado verano, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) publicó un informe*(2) en el que se reconocía la violencia obstétrica y recomendaba a los estados la legislación de la misma, considerando el consentimiento informado como derecho humano y como salvaguarda de este tipo de violencia.




Pero más concretamente: ¿qué es exactamente la violencia obstétrica? Pues es nada más y nada menos que algo que se lleva ejerciendo desde hace muchos años, algo tan extremadamente naturalizado que a menudo se llega hasta el punto que la mayoría de sus víctimas, algunas incluso mostrando síntomas propios del síndrome de estrés postraumático,*(3) ni siquiera reconocen. 

El informe de las Naciones Unidas se refiere a procedimientos como realizar cesáreas o episiotomías sin consentimiento o innecesarias, abusar de la oxitocina sintética para acelerar el parto, incluso después de la publicación de estudios que la relacionan con una mayor afectación de la depresión postparto,*(4) usar la maniobra de Kristeller a pesar de las contraindicaciones de la OMS y la prohibición de la misma en el Reino Unido (puede causar traumatismos, hematomas, fractura de costillas, rotura del útero y hemorragias graves en la madre, así como lesiones e incluso parálisis en el bebé),*(5)  privar de autonomía y libertad de movimiento a la madre durante las contracciones para tenerla monitorizada sin necesidad (lo cual suele retrasar el parto y suele llevar a un mayor intervencionismo), inhabilitarla para tomar decisiones importantes sobre su cuerpo, su salud y la de su bebé, humillar, infantilizar y hacer comentarios sexistas durante el parto.

El informe no nombra algunos procedimientos a los que estudios y profesionales hacen también referencia, como los tactos vaginales innecesarios y llevados a cabo por diferentes personas a lo largo del parto que, en muchas ocasiones, ni siquiera se presentan (son innecesarios, son humillantes y dolorosos y aumentan exponencialmente el riesgo de infección), el uso de fórceps para uso didáctico, el uso de anestesia y otros fármacos sin aviso previo y sin consentimiento, y muchas otras situaciones que convierten el embarazo, el parto y el postparto en una experiencia desagradable y traumática.

Este mismo informe de la ONU apuntaba como causas de esta situación a las malas condiciones de trabajo de los profesionales sanitarios, la falta de presupuesto y de recursos, las relaciones de poder en el sistema sanitario y, por supuesto, los estereotipos de género. La mayoría de asociaciones dedicadas a la lucha contra la violencia obstétrica, como El Parto es Nuestro, Dona Llum, la Plataforma Stop Kristeller o matronas como Laia Casadevall o Esther Esteban, acusan de la excesiva medicalización del parto a la identificación del embarazo como una patología que requiere intervención médica y la consiguiente confianza ciega que se ha depositado en las altas jerarquías médicas por encima de las matronas, tradicionales expertas en el seguimiento del embarazo, el parto y el postparto. La ciencia ha avanzado y se ha demostrado que aquellos partos menos intervenidos son los que menos complicaciones presentan, pero la mayoría de profesionales se siguen tomando la reclamación de un cambio de paradigma como una ofensa y una falta de respeto hacia su profesión. Es el “siempre lo hemos hecho así”. 

Cabe recordar que la OMS publicó sus recomendaciones para la atención a un parto normal en los años noventa,*(6) y seguimos así. Los ginecólogos se resisten a perder su estatus, a admitir que en la mayoría de partos ni siquiera son necesarios, y la sociedad se lo permite porque quienes sufrimos la violencia obstétrica somos las mujeres, sufridas y abnegadas por tradición. Cambiemos las tornas de una vez, hagamos caso a la evidencia científica, obliguemos a los estados a seguir las recomendaciones de la OMS y de la ONU, organismos nada sospechosos de ser excesivamente hippies, anticapitalistas o feministas. Los estados deben legislar siguiendo el ejemplo de Venezuela, para frenar la violencia obstétrica, así como sensibilizar al personal sanitario, empoderar a las matronas para relegar a los ginecólogos en el segundo plano que requiere el parto y, sobretodo, informar a las madres de sus derechos más básicos. 

El parto es nuestro, ¡que nos los devuelvan!

Clara Castrillo
La Guerrilla Comunicacional