martes, 5 de noviembre de 2019

TENGO ALGO QUE CONTARTE (34)



Salt, 5 de noviembre de 2109


CUCURUCHOS Y PALITROQUES

Mi amiga,


No sé por dónde empezar. Hace tanto tiempo que no te cuento, y han pasado tantas cosas en este tiempo, que ahora se me complica la tarea de ordenarlas. Parece que todas quieren salir a la vez al asalto, pero procuraré apaciguarlas.

Tengo la sensación de haber sufrido un vendaval de emociones, de todo tipo e intensidad, que te dejan el alma en los huesos. Para empezar, hace unos meses en Granada viví momentos con esas pocas personas que son capaces de remover tus recuerdos, tu niñez, tu presente, tus sentires, tu vida entera. Los tenía allí juntos, y fueron momentos en que se zarandea todo tu ser, te vacías de golpe con y por ellos. Es una sensación de tsunami emocional imprevista, tan intensa como gratificantemente agotadora. Paralelamente iba perdiendo también gente muy próxima y muy querida, amigos a quienes no correspondía aún el billete sin retorno, pero que no pudieron ganar la batalla para no subir a ese tren. Alguno de ellos no pudo ni preparar las maletas; sin embargo, con alguna otra pudimos preparar juntas el equipaje para su viaje último. Es una tarea durísima pero finalmente imprescindible. Espero haber podido colocarle todo lo necesario con el amor que se mereció.

Acabas de regresar a tu Habana querida tras unos días con nosotros. Nos hemos podido abrazar a gusto, hablar, pensar, preocuparnos y reír infinitamente. Ha sido una de esas inyecciones de vida que la amistad administra, directas en vena. Pero claro, ahora se me acumulan y se me atropellan las cosas que contarte. Cuando paré mis misivas acababa de pasar Semana Santa, y quería explicarte qué cosa es eso aquí. Ahora me parece casi en el infinito del pasado, porque este espacio de tiempo sin escribirte se ha ido llenando de todo tipo de sucesos. He pensado que hoy te contaré los dos cabos de la madeja, dónde lo dejé y dónde estamos ahora, y más adelante te iré contando qué fue pasando por en medio, y al menos intentar no perder el hilo de nuestras vidas.

Cuando inicié una carta inacabada era Semana Santa. Te intentaba contar qué cosa es, ya que es posible que el enunciado confunda. Lo de semana es cierto, lo de santa queda en el origen religioso y en las manifestaciones populares del mismo, creo que bastante alejadas del sentir de mucha gente. Intento hacerte un resumen de cómo se vivía en mi pueblo castellano natal.


El jueves de esa semana, jueves santo, finaliza la Cuaresma, un período iniciado el miércoles de ceniza 40 días antes. La Iglesia Católica dicta este espacio de tiempo como preparación espiritual a la muerte y resurrección de Cristo, mediante el ayuno, la oración y la práctica de la caridad fraterna. Te lo suelto así, sin anestesia ni nada porque si piensas en qué es el origen del tema, y piensas en lo que de verdad hacemos y sentimos, se te quedan las neuronas con las patitas para arriba incapaces de conectar entre sí. Aunque en la posguerra las estrictas normas religiosas se fueron suavizando algo, yo no me libré de pequeña de los relevos de rezos y velatorios al santo, ni de la abstinencia de carne todos los viernes de cuaresma. A mi madre no le pasaba por alto ni el bocadillo para ir a la escuela, que cada viernes era de pan con aceite y en el mejor de los casos, caía una onza de chocolate, pero el jamón colgado en la despensa y los choricitos de la orza, esos días ni olerlos.

También te diré que las mujeres, siempre capaces de darle la vuelta al mundo, supieron suplir estas restricciones con un abanico culinario exento de carne imaginativo y exquisito. En realidad yo tenía ganas de  que llegaran esos días para degustar todos esos platos, y sobre todo esos postres, que mi madre sólo haría en estas fechas.

Llegamos a las procesiones, punto estrella de la Semana Santa. En mi pueblo había cada día, mejor dicho cada noche recorriendo las calles, dedicando un día a cada cofradía, unas asociaciones de creyentes en torno a una advocación de cristo o virgen, algún santo o reliquia. Elementos esenciales en la procesión:

- Nazarenos. Son los miembros de las cofradías que en la procesión salen desfilando ataviados con una túnica hasta los pies, frecuentemente ceñida a la cintura con un cordón. Como el modelo es único y unisex, el cordón es el que delata las dimensiones internas del individuo/a, dejando las barrigas más arriba o más abajo, y dando más o menos vuelo al diámetro total del sayón. Llevan  una capa también larga y un capirote. Este último es un cucurucho muy alto forrado con tela puesto sobre la cabeza, con unos agujeros para los ojos (indispensables por otra parte). Remata el conjunto un cirio alto como la persona, o una vela en la mano. Hay una cofradía en la que el capirote va sin cucurucho, quedando la capucha pegada a la cabeza, vestidos de negro, y que en vez de velas llevan dos enormes palitroques en forma de cruz tamaño natural que cada cofrade va arrastrando todo el trayecto. Los hay que desfilan descalzos o no, o arrastrando cadenas, en función de la penitencia que cada uno se quiera aplicar. La impresión general del atuendo te aseguro que impacta. Como supondrás, en la gama de colores de la indumentaria no entran los chillones. A nosotros porque nos han salido los dientes entre los cucuruchos y estamos curtidos, pero verlos desfilar tantos alineados al más puro estilo del Ku-Klux-Klan, tiene su qué. 


- Los pasos. Son las piezas escultóricas que representan las escenas de pasión y muerte de Cristo. Puedes imaginarte que por artísticas que sean y bien realizadas que estén, no son la alegría de la huerta, ya que todos los pasos recrean dolor, sufrimiento y muerte. Van encima de andas o carrozas enormes, en este caso con unos faldones hasta el suelo que ocultan los intríngulis del transporte. 

- Los costaleros. Son los hombres que se meten debajo de esos pasos, muy juntitos, para levantarlo y casi sin ver qué pasa afuera, hacerlo avanzar a paso lento, con un vaivén acompasado que parece que se mueve solo. Los capataces desde el exterior con unos palitroques y un lenguaje de golpecitos les van guiando para que el bamboleo no vuelque a la virgen, o acaben llevándola por donde no toca.

- Bandas de cornetas y tambores. Son los conjuntos que acompañan la procesión ayudando a marcar el paso a todos, y que imprimen un ambiente musical casi militar, dado el poco margen de maniobra en acordes y armonías que dejan estos dos instrumentos. La banda municipal de música del pueblo también desfila en algunas procesiones tocando marchas fúnebres, y acabando a veces con el himno de España (que comparado con las anteriores es puro rock).

- Las manolas. Son unas señoras vestidas de negro, de forma recatada, con mantilla y peineta negra que acompañan también la procesión. Suelen llevar una vela o un farolito en la mano, fíjate tú qué cucada. Si quieren ampliar los complementos, pueden llevar un rosario y/o un bolsito negro de pequeñas dimensiones (no sé si para guardar el rosario y el farolito cuando ya no sepan qué hacer con ellos). Proceden de las “camareras de la virgen”, las mujeres que preparaban los pasos para la salida, los bordados, las flores, etc. Durante mucho tiempo la mujer no tenía cabida entre los nazarenos, ni costaleros, ni bandas. Le quedaba asignado el papel de “camarera” aunque fuese de la virgen y diese estatus, pero como siempre en la trastienda del mundo. Desde hace unas décadas se incorporó al desfile como manola, y más adelante ya se aceptaron en los demás roles.

Manolas, 2019

- Autoridades. Tras todos los elementos puramente religiosos de la procesión se sitúan los sacerdotes, las autoridades del pueblo, la Guardia Civil, y a continuación todos los ciudadanos y/o penitentes que la quieran seguir. Esta secuencia deja patente el orden social establecido y la fusión de poderes que existía, aunque creo que hablar en pasado es una sublime sandez dado que el presente nos demuestra la prolongación de estas alianzas.
Todo este cuadro es el que tengo en mi memoria de juventud, y me consta que actualmente no es muy diferente, aunque para gran parte de la población la Semana Santa equivale a unos días de fiesta para viajes o asueto. Aún así, las procesiones, expresión íntegramente religiosa, se han mantenido en todo el país como una muestra cultural, haciendo de algunas de ellas un masivo acontecimiento turístico.

También te digo que aquí en Cataluña varía algo el decorado, y suelen haber más romanos desfilando. Esos personajes contemporáneos en la historia llenan muchas de las procesiones de aquí, dando un toque de color y acción. Algunos van a caballo, y todos los que van a pie también llevan unos palitroques con los que golpean acompasadamente el suelo, al unísono, produciendo un ritmo que acompaña su banda de flautines. Van ataviados cual tropas de Julio César, con sus falditas y sandalias, escudos, cascos y armaduras doradas y brillantes. Este equipo también delata dimensiones, no creas, porque las corazas rígidas de latón deben adquirir el volumen del propietario para evitar asfixias innecesarias, y las minifaldas de tiras van en concordancia al perímetro abdominal, observando toda la gama posible de muslos y pantorrillas masculinas al santo fresco primaveral. Digo masculinas porque por ejemplo, aquí en Girona, que existen desde 1751,  hasta el año pasado no se permitió desfilar alguna mujer. Supongo que les debía estar reservado el papel de sacar brillo a tanto escudo y armadura.

Manaies de Girona

Ya ves amiga mía, aquí cuando dices Semana Santa, dices vacaciones y dices procesiones. Yo me pregunto si en un país laico la envergadura de estas manifestaciones religiosas se corresponde. Tú ahora piensa en estas comitivas, para mí tan anacrónicas en el tiempo, y seguro que entenderás lo de las patitas revueltas de las neuronas que te decía.

Te decía al principio que hoy te contaría los dos extremos en el tiempo de este silencio, que empezó en Semana Santa y llega hasta hoy. El hoy es duro y preocupante, amiga mía. Es duro porque seguimos con  las mismas incomprensiones, los mismos problemas y las mismas incapacidades políticas para resolverlos. Ya conoces el panorama que tenemos por aquí. Los presos políticos y líderes de movimientos sociales siguen exiliados o en prisión, y seguirán más de diez años tras la sentencia de un juicio que fue un atropello a la inteligencia y a la dignidad humana. Esta sentencia provocó la ira contenida en la población durante estos dos años de cárcel preventiva de sus líderes. Se organizaron todo tipo de protestas pacíficas, con participación multitudinaria. Y volvieron los refuerzos policiales del estado con sus palitroques de pegar, volvieron los golpes, volvieron los ojos reventados por las pelotas de goma. Es cierto que también hubo algunos disturbios callejeros (para mí reprobables y contraproducentes, que solo incrementaban la violencia policial) por parte de unas minorías de jóvenes, que supongo que han dejado de creer que los movimientos de paz lleven a ningún sitio. Esta imagen es la que interesó explotarse mediáticamente, haciendo creer que Barcelona era Sarajevo y justificar una contundencia policial injustificable. Eran una minoría, y pienso que se acabaron frenando por la actitud pacífica convencida de la gran mayoría. Otro objeto de estudio sería el concepto violencia, porque parece que solo es aplicable a las barricadas y los contenedores ardiendo (que lo es), pero la policial y la judicial o mediática, agresivas como la que más, parecen no encontrar sitio en la definición.


Cuando te hablo de esta mayoría digo muchísima gente. En unas marchas que recorrieron las cuatro provincias catalanas para acabar juntos en Barcelona caminamos más de medio millón de personas, de todo tipo de procedencias, edades, clases sociales e ideologías. Se llamó el Tsunami democrático, y te aseguro que lo parecía. Porque el pueblo, que suele ser más valiente y sensato que los políticos, se organiza y reivindica lo que cree que es justo. La pena es que ellos, los políticos, tienen el cuajo de no respetar estas masivas decisiones. Y así seguimos, convocando elecciones porque no son capaces de formar un gobierno con los resultados obtenidos en las anteriores, negando la evidencia de la voluntad popular, aplicando la represión para callar ideales,… así seguimos, mi amiga.

Nuestros jóvenes no lo entienden. Ellos tienen prisa para todo, como seña innata e inconfundible de juventud, prisa también para ver realizados sus sueños. No lo entienden porque parten con una memoria limpia de dictadura y de estado represor, y porque nosotros, sus padres que sí que tenemos memoria de todo ello, a veces pienso que somos corresponsables de su frustración y desconcierto. Hemos sido tan ingenuos de educarlos como ciudadanos de un país libre y democrático, pensando que ese estado gris oscuro que nos tocó a nosotros ya lo habíamos liquidado. Y no, no hemos “pasado pantalla”, cada vez queda más claro y patente dónde quedan (o mejor dicho, dónde no quedan) nuestros derechos y libertades. Por tanto, tenemos también la obligación de acompañarles en el desengaño, en la rabia, en la lucha, en la calma y en las esperanzas. Ahí vamos pues, impulsándonos mutuamente hacia un futuro común en el que las memorias manchadas hoy nos sirvan para dejar limpias las que llegarán.

Este dibujo le costó a Quino la censura y el exilio en 1975

Ya ves Habanera, tantos años que han pasado, pensando que vivía en un país nuevo y justo, y del fondo sólo siguen saliendo cucuruchos y palitroques. Pero también estoy segura que aprenderemos a ir con la cara descubierta, y volviendo a usar los palos para construir futuro.

Como siempre, un inmenso abrazo, las ganas de saber de ti y la promesa de seguir contándote cosas.

Vicentita







TENGO ALGO QUE CONTARTE. Lista de cartas


Prólogo
Carta nº  1 .... (Sin título) 
Carta nº  2 .... (Sin título)
Carta nº  3 .... La mujer cubana en revolución 
Carta nº  4 .... Esa parte del universo acabado en "A"
Carta nº  5 .... (Sin título)
Carta nº  6 .... La naturaleza...(incluso humana)
Carta nº  7 .... Un horrendo crimen continua impune
Carta nº  8 .... Desde la memoria
Carta nº  9 .... Él morirá cunado se apague el sol
Carta nº10 .... Erase una vez...la magia
Carta nº11 .... Fiesta navideñas y año nuevo en el caimán verde
Carta nº12 .... No he perdido el norte
Carta nº13 .... El futuro en sus pupilas
Carta nº14 .... Mi reino por no reinar
Carta nº15 .... S.O.S. La guerra cultural
Carta nº16 .... Un paseo por el mundo
Carta nº17 .... Seamos un tilín menos egoístas
Carta nº18 .... El balcón de las indecencias
Carta nº19 .... (Sin título)
Carta nº20 .... ¿Drogas? No, gracias
Carta nº21 .... Dolor y esperanza con nombre de mujer, huracán Irma
Carta nº22 .... Un huracán sin lluvia
Carta nº23 .... Ver para crecer
Carta nº24 .... Otro abril querido
Carta nº25 .... Cuando los colores eran de verdad
Carta nº26 .... De este verano y algo más
Carta nº27 .... Siempre queda la esencia
Carta nº28 .... Un abrazo de civismo y libertad
Carta nº29 .... El bloqueo es dolor
Carta nº30 .... La balanza con un solo platillo
Carta nº31 .... La solidaridad, ternura y arma de los pueblos
Carta nº32 .... Los bombones más dulces
Carta nº33 .... Nuevamente contigo
Carta nº34 .... Cucuruchos y palitroques




lunes, 4 de noviembre de 2019

A PROPÒSIT DE LA VAGA DEL CLIMA

Reflexions i preocupacions davant la jugada per desviar l'atenció sobre l'arrel d'un problema sistèmic.



El passat 27 de setembre es va convocar la primera vaga pel canvi climàtic. Al voltant d’aquesta convocatòria m’han aparegut un sèrie de qüestions i dubtes que volia compartir. Dic, per endavant, que no aportaré ni conclusions ni solucions; no les tinc. Simplement vull explicar algunes inquietuds respecte a una manera d'enfocar el problema que em preocupa i m'indigna.



Fa uns quants anys que des de l’ecologisme s’alerta sobre el canvi climàtic i les conseqüències que aquest pot tenir en el nostre dia a dia. També des de moviments indígenes ens han parlat de com els canvis destrueixen l'ecosistema i afectaven la seva vida. Científics que publicaven sobre les causes i conseqüències de la sobre explotació dels recursos naturals també n'han alertat. Però d’un temps ençà han aparegut campanyes encapçalades per veus joves reclamant responsabilitats a les generacions adultes i als dirigents i governants sobre les seves decisions, i com aquestes afecten al futur de les noves generacions amb l’ús i abús dels recursos.

Aquesta irrupció ha tingut un gran ressò mediàtic i sembla que ha posat oficialment en marxa el rellotge del compte enrere de la vida a la terra tal i com la coneixem. Però el rellotge fa temps que estava en funcionament  i la creixent deriva productiva i industrial hi té molt a veure. L’explotació actual del planeta no s'explica sense el sistema capitalista. La necessitat de produir cada cop més i més barat per aconseguir més beneficis provoca una explotació dels recursos naturals acompanyada d'una explotació laboral i d'un menyspreu als Drets Humans desoladores.

No és cap misteri que els recursos són limitats, però el sistema capitalista no te  cap interès pel futur, vol un present amb beneficis i en mans d’unes quantes persones; la resta i el planeta sencer estan a la seva disposició per generar “riquesa”. Una riquesa que dins dels seus càlculs finals obvia el preu que s’ha de pagar socialment i ecològicament parlant. La petjada ecològica no es contempla en el balanç d’inversió, costos i beneficis; o si més no, no amb l'impacte real. El resultat és una degradació progressiva del medi ambient i de la vida de la major part de les persones que som les que comptem amb menys recursos -de tota mena- per fer front a les adversitats.



Lamentablement estem massa acostumades als mecanismes de comunicació i manipulació del sistema capitalista. La publicitat i els mass media s’han encarregat de difondre la idea que llibertat era essencialment llibertat de mercat i el progrés ha de ser creixement econòmic constant. Per una banda, se'ns encoratja a consumir per no aturar la màquina de beneficis; per l'altra, ens fica la por al cos i ens culpabilitza. Què fa el sistema per defugir de la seva responsabilitat? La traspassa al subjecte consumista. Aplica aquella recepta tant prodigiosa d'externalitzar els problemes, les responsabilitats i les pèrdues. Nosaltres, totes, esdevenim culpables i úniques responsables del què està passant. 

Aquest sistema que empobreix la classe treballadora i ens sostrau la capacitat de decisió engega la seva maquinària per mantenir-se al marge de la solució; pretén continuar exhaurint la terra, robant la vida a la classe treballadora i castigant els més desfavorits del planeta. Però malgrat qualsevol propaganda o maquillatge, el missatge que ens arriba és demolidor: segons diferents càlculs, si seguim consumint a aquest ritme, els recursos de la terra, que permeten la nostra vida, s’esgotaran cap a l’any 2050.

Consumim el que podem, com podem i com ens ho presenta el propi sistema. Preocupades per subsistir no tenim gaires opcions a l’hora de triar. Les alternatives són cares i inabastables per la immensa majoria de la població.  

En mig de tot aquest "blablabla" de traspàs de responsabilitats vers la baula més dèbil de l’estructura, ens trobem discursos delirants. Discursos que ens diuen que el sistema capitalista no és el màxim culpable; que les culpables som les que pensem que son el capitalisme i el seu mode d’organització i producció basat en l’ús i abús del "capital" ecològic i del "capital" humà, que en realitat desconeixem que altres societats i models també han provocat desastres naturals, que el clima ha anat canviant sempre, al llarg de la història, i que el que passa ara ni és cap novetat ni és tant important, que ningú te una bola de vidre que permeti saber què passarà i que per tant aquest discurs catastrofista és un parany. No sé quin grau de coneixença compartim; però el que sabem és que el joc de les acusacions creuades no ens portarà enlloc. El "i tu més" no ens servirà de res. La fe en una solució màgica, tampoc.


No ens val que es comportin amb aquesta inconsciència, ximpleria i malícia.

No ens val que ens diguin que s’han de posar quotes d’emissions de gasos d’efecte hivernacle i comprar quotes a aquells països en vies de desenvolupament que no les emeten.

No ens val que ens diguin que si no ens comportem com el perfecte ecologista domèstic serem nosaltres les que acabarem amb els recursos.

No ens val que segueixin produint mercaderies i productes que no necessitem.

No ens val que ens creïn falses necessitats.

No ens val que ens diguin que podem viatjar allà on volem sense conseqüències  en el medi ambient.

No ens val que no s’aposti pels transports col·lectius mentre es segueix subvencionant i afavorint el privat.

No ens val que les polítiques no apostin per les energies renovables i les castiguin.

No ens val que la seva legislació sigui a favor del capital i no de l’ecologia i la humanitat. 

No ens val que hi hagi una indústria agroalimentària que es nodreix de productes poc saludables alhora que explota la terra amb substàncies que l’enverinen.

I no ens val perquè no estem per bromes, perquè ens hi va la vida a nosaltres, als nostres descendents i a tots els éssers vius que habitem el planeta; perquè els primers que pateixen les conseqüències són els més desfavorits, els indígenes que perden el seu hàbitat sense alternativa de vida, el poble treballador que amb prou feina som capaces de subsistir, i una llarga llista de persones d’arreu del món que sobreviuen com poden a les guerres, la fam, l’explotació, les catàstrofes naturals, la pobresa i la misèria que reparteix generosament el sistema capitalista.

No li trec rellevància al nostre paper com a consumidores dins del sistema; però permeteu-me dubtar que sigui tant determinant. Permeteu-me assenyalar radicalment, el que per mi, és l'arrel dels problemes: el capitalisme.


Mª Àngels Esteban
La Guerrilla Comunicacional







A PROPÓSITO DE LA HUELGA DEL CLIMA

Reflexiones y preocupaciones ante la jugada de desviar la atención sobre la raíz de un problema sistémico.


El pasado septiembre se convocó la primera huelga por el cambio climático. A propósito de esta convocatoria me han surgido una serie de cuestiones y dudas que me gustaría compartir. Vaya por delante que no aportaré ni conclusiones ni soluciones; no las tengo. Simplemente quiero explicar algunas inquietudes respecto a la manera de enfocar el problema que me preocupan y me indignan.


Hace años que desde el ecologismo se alerta sobre el cambio climático y las consecuencias que este puede tener en nuestro día a día. También desde movimientos indígenas se nos ha hablado de cómo destruyen sus ecosistemas y atentan contra su supervivencia. También nos han alertado científicos que han publicado sobre las causas y las consecuencias de la sobre explotación de los recursos naturales. Pero de un tiempo a esta parte han surgido campañas encabezadas por voces jóvenes que reclaman responsabilidades a las generaciones adultas y a los dirigentes y gobernantes sobre sus decisiones, y denuncian cómo estas afectan el futuro de las nuevas generaciones con el uso y abuso de los recursos.

Esta irrupción ha tenido un gran eco mediático y parece que ha puesto oficialmente en marcha el reloj de la cuenta atrás de la vida en la tierra tal y como ahora la conocemos. Pero el reloj hace tiempo que estaba funcionando y la creciente deriva productiva e industrial tiene mucho que ver en ello. La explotación actual del planeta no se explica sin el sistema capitalista. La necesidad de producir cada vez más y más barato para conseguir incrementar los beneficios provoca una explotación de los recursos naturales acompañada de una explotación laboral y un menosprecio a los Derechos Humanos.

No es ningún misterio que los recursos son limitados; pero el sistema capitalista no tiene ningún interés en el futuro, quiere un presente con beneficios y en manos de un puñado de personas; el resto y el planeta entero están a su disposición para generar “riqueza”. Una riqueza que en sus cálculos finales obvia el precio que se debe pagar social y económicamente hablando. La huella ecológica no se contempla en este balance de inversión, costes y beneficios; o al menos, no con el impacto real. El resultado es una degradación progresiva del medio ambiente y de la vida de la mayor parte de las persones que cuentan con menos recursos –de todo tipo- para hacer frente a las adversidades.


Lamentablemente, estamos demasiado acostumbrados a los mecanismos de la comunicación y manipulación del sistema capitalista. La publicidad y los mass media se han encargado de difundir la idea de que la libertad era esencialmente libertad de mercado y el progreso crecimiento económico constante. Por un lado se nos anima a consumir para no parar la máquina de beneficios; por otro, se nos mete el miedo en el cuerpo y se nos culpabiliza. ¿Qué hace el sistema para eludir su responsabilidad? La traspasa al sujeto consumista. Aplica la receta prodigiosa de externalizar los problemas, las responsabilidades y las perdidas. Nosotras, todas, nos convertimos en culpables y únicas responsables de lo que está pasando.

Este sistema que empobrece a la clase trabajadora y nos sustrae la capacidad de decisión pone en marcha su maquinaria para mantenerse al margen de la solución: pretende continuar agotando la tierra, robando la vida a la clase trabajadora y castigando a los más desfavorecidos del planeta. Pero a pesar de cualquier propaganda o maquillaje, el mensaje que nos llega es demoledor: según diferentes cálculos, si seguimos consumiendo a este ritmo, los recursos de la tierra, que permiten nuestra vida, se agotarán hacia el año 2050.

Consumimos lo que podemos, como podemos y como nos lo presenta el propio sistema. Preocupadas por subsistir no tenemos demasiadas opciones a la hora de escoger. Las alternativas son caras y inasumibles para la inmensa mayoría de la población.

En medio de todo este “blablablá” de traspaso de responsabilidades hacia el eslabón más débil de la estructura, nos encontramos discursos delirantes. Discursos que nos dicen que el sistema capitalista no es el máximo culpable; que lo somos las que pensamos que son el capitalismo y su modelo de organización y producción basado en el uso y abuso del “capital” ecológico y del “capital” humano, que en realidad desconocemos que otras sociedades y modelos también han provocado desastres naturales,que el clima ha ido cambiando a lo largo de la historia y que lo que ahora pasa, ni es una novedad ni es tan importante, que nadie tiene una bola de cristal para conocer lo que ha de suceder y que por tanto este discurso catastrofista es una trampa. No sé cuál es el grado de conocimiento que compartimos; pero lo que sí sabemos es que el juego de acusaciones cruzadas no nos llevará a ningún sitio. El “tú más” no nos servirá de nada. La fe en una solución mágica, tampoco.


No nos sirve que se comporten con esta inconsciencia, simpleza y malicia.

No nos sirve que nos digan que se han de poner cuotas de emisiones de gases efecto invernadero y comprar cuotas a los países en vías de desarrollo porque ellos no las emiten.

No nos sirve que nos digan que si no nos comportamos como el perfecto ecologista domestico seremos nosotras las que acabaremos con los recursos.

No nos sirve que sigan produciendo mercancías y productos que no necesitamos.

No nos sirve que nos creen falses necesidades.

No nos sirve que nos digan que podemos viajar donde queramos sin consecuencias para el medio ambiente.

No nos sirve que no se aposte por el transporte colectivo mientras se sigue subvencionando y favoreciendo el privado.

No nos sirve que las políticas no apuesten por las energías y renovables y las penalicen.

No nos sirve que su legislación esté a favor del capital y no de la humanidad y la ecología.

No nos sirve que haya una industria agroalimentaria que se nutre de productos poco saludables al tiempo que explota la tierra con substancias que la envenenan.

Y no nos sirve porque no estamos de broma, porque nos va la vida a nosotros, a nuestros descendientes y a todos los seres vivos que habitamos el planeta; porque los primeros que sufren las consecuencias son las persones más desfavorecidas, las indígenas que pierden su hábitat sin alternativa posible para su supervivencia, el pueblo trabajador que a duras penas sobrevivimos, y una larga lista de persones de todo el mundo que sobreviven como pueden a las guerras, las hambrunas, la explotación, las catástrofes naturales, la pobreza y la miseria que reparte generosamente el sistema capitalista.

No le resto relevancia a nuestro papel como consumidores dentro del sistema; pero permitirme dudar que sea tan determinante. Permitirme señalar, radicalmente, la que para mí, es la raíz del problema: el capitalismo. 


Mª Àngels Esteban
La Guerrilla Comunicacional