miércoles, 5 de febrero de 2020

PATEANDO AL FASCISMO by Eric Cantona



El 25 de enero de 1995, el fútbol inglés vivió un incidente que quedó marcado en la historia de la Premier League. Sucedió en el estadio londinense de Selhurst Park, la casa del Crystal Palace, que caía 1 a 0 frente al Manchester United, el equipo del delantero francés Eric Cantona. A los 3 minutos del segundo tiempo, Cantona fue expulsado por una acción violenta sobre el defensor Richard Shaw. Cuando abandonaba el campo, los aficionados locales comenzaron a increpar a Cantona como suele ser habitual, pero hubo uno que captó la atención del futbolista francés: un hooligan llamado Matthew Simmons. Simmons había bajado once filas de las gradas hasta ubicarse al borde del campo. Desde allí se dirigió directamente a Cantona con insultos que varían según la fuente pero que en su mayoría eran insultos xenófobos motivados por ser extranjero como "Vete a tu país bastardo de mierda, vuélvete a Francia”. Los improperios del hooligan desataron la furia del explosivo delantero francés. Y fue así como Cantona fue corriendo hacia las gradas, saltó por los aires y le propinó una patada de arte marcial en el pecho a Simmons. Siguió golpeandole hasta que lograron contenerlo. Simmons era militante del National Front, grupo claramente fascista, y tenía un largo historial de violencia. En una entrevista para el programa de televisión Football Focus, cuando se le preguntó sobre el mejor momento de su carrera, Cantona declaró: "Fue cuando le di la patada de kung fu a un hooligan, porque ese tipo de gente no tiene nada que hacer en un partido. Creo que es un sueño para algunos dar una patada a ese tipo de gente. Así que lo hice para ellos, para que estuvieran felices. Y ellos hablan hasta hoy al respecto. He visto muchos jugadores marcando goles y todos ellos saben la sensación. Pero esta, de saltar y patear a un fascista, no es algo que se saboree todos los días. Patear a un fascista fue lo mejor que hice en toda mi carrera”.  La reacción de Cantona, que conmocionó el mundo del fútbol, marcó su vida y le trajo serias sanciones: fue suspendido por nueve meses y condenado a 120 horas de trabajo comunitario y a pagar 30 mil dólares de multa.




La historia de Eric Cantona siempre ha estado marcada por sus raíces, ya que era nieto de republicanos catalanes exiliados. Tal como explicó el genealogista francés Jean-Louis Beaucarnot en el año 2010, los abuelos de Cantona, Pere Raurich y Francesca Farnós, eran catalanes, concretamente de Martorell. Raurich combatió al ejército de Franco y más tarde fue internado durante dos años en el campo de concentración de Argelers junto con su mujer. Posteriormente la pareja consiguió escapar de la localidad rosellonesa y se instalaron en Saint-Étienne, dónde nació la madre del futbolista, Leonor Raurich. No hay duda de que lo vivido por sus abuelos, Pere y Francesca, y por el resto de la familia, ha marcado, en parte, su carácter, haciéndole tener una sensibilidad especial hacia la situación de los refugiados. Por eso, no es extraño que en 2015 pusiera su casa de Marsella durante dos años a disposición de los sirios que llegaron a Francia, además de proporcionarles comida. “El problema es que durante un año estas personas no tienen derecho a trabajar. Así que si alojas a alguien que no puede trabajar, hay que alimentarle”, explicó entonces. Aún incidió más sobre este tema en una entrevista en Le Parisien. “¿Vamos a hacer guerras por razones económicas y luego, cuando la gente huye de su país porque es un desastre, no somos capaces de recibirles?”. Conocido es también su apoyo a la Fundación Abbé Pierre para la construcción de viviendas sociales y la limitación del precio de los alquileres, pues a su juicio es “inaceptable que haya gente hoy que tiene que hacer enormes sacrificios con la educación de sus hijos, a veces incluso con su salud, para tener un alojamiento”.




Cantona tiene una visión pesimista sobre el estado actual del fútbol a causa de la deriva mercantilista que ha tomado, alejándose de su carácter popular e ignorando a los más desfavorecidos. “Estamos viviendo tiempos de pobreza generalizada, guerra e inmigración. Hay muchas más personas en el mundo que no pueden darse el lujo de comprar una pelota de fútbol que las que pueden pagar 200 euros para asistir a un partido o 400 euros al año para verlo en la televisión. El fútbol es uno de los mejores maestros de la vida. Es una de las grandes inspiraciones de la vida. Pero el modelo comercial actual del fútbol ignora a gran parte del mundo. Los barrios pobres necesitan el fútbol tanto como el fútbol necesita los barrios pobres. Necesitamos apoyar un fútbol más sostenible, positivo e inclusivo y haré todo lo que pueda para ayudar. El fútbol debería ser para la gente. Esto no tiene que ser una idea utópica. Todos nosotros, tanto si somos ricos como pobres, si somos inmigrantes o ciudadanos de décima generación, encontramos la misma alegría simple en el juego del fútbol”.

Su mensaje ha conseguido superar el ámbito estrictamente futbolístico, como demuestra, por ejemplo, el hecho que el estadio de fútbol de Argelers de la Marenda ha cambiado de nombre para pasar a llamarse Estadio Eric Cantona en honor al exjugador con pasado en el Auxerre, el Olympique de Marsella, el Leeds y el Manchester United, entre otros.




Ahora que se celebra el 25 aniversario de la ya famosa “patada voladora” de Eric Cantona, podemos comprobar como el fútbol, el denominado “opio del pueblo”, ese deporte alienador y regido por el capital, algunas veces nos deja historias que merecen ser recordadas porque, en definitiva, para combatir el fascismo, cualquier escenario es válido.

Carles Estríngana
La Guerrilla Comunicacional




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