lunes, 8 de julio de 2019

TENGO ALGO QUE CONTARTE (33)

Correspondencia entre dos mujeres.

La Habana, 5 de julio 2019


NUEVAMENTE CONTIGO


Mi querida Vicentita:

He vuelto una y otra vez sobre Los bombones más dulces y ciertamente no cabe la menor duda de que tienen que ser, por derecho propio, los bombones más dulces de tu universo sabiamente compartido con tus colegas, pacientes, amigos y bueno con esta persona que te admira y quiere y que has conmovido por la desnudez emocional de tu relato.

La entrega a una profesión tan profundamente humana como lo es la salud, y más aún a los servicios de la salud pública y, en especial, a la atención a los enfermos de cáncer, me han llevado a sacudir no muy pocos y antiguos recuerdos sobre mí misma en cuanto a la fortísima experiencia de haber sufrido también la enfermedad. Del descomunal esfuerzo que ha enfrentado nuestra Revolución por materializar, al más alto nivel profesional y humano posible, ese primer derecho humano que es la custodia, desarrollo de la salud y en específico por salvar o prolongar la calidad de vida de estos pacientes.

Abordas la experiencia de la enfermedad desde tu doble condición de paciente y profesional en tu querido hospital, que sí, a pecho pleno te has ganado el posesivo de mi hospital, y ello me ha aportado mucho de los dolores, conflictos, satisfacciones y alegrías que sienten esos seres de batas blancas que se nos acercan con cuidados y mimos para acompañarnos en esa lucha cuerpo a cuerpo por la vida.





Tu carta me invita a ir sobre mis pasos e intentar abrir las puertas a recuerdos y vivencias de mi propia vida, que raramente he compartido con anterioridad. He sido una mujer muy activa y comprometida con el quehacer político y social en mi país. He tenido la suerte infinita de implicarme con cualquier tarea, sea de mi vocación o no, que me han solicitado cumplir en servicio de los más caros anhelos de hacer de esta Isla, un país culto, desarrollado, en el que prime la justicia social y sea libre e independiente.

Te cuento esto porque desde pequeña soñé con ser maestra y me acuerdo que reunía en la sala de mi casa a los muñecos, sanos, hechos y rehechos, a quienes les impartía las clases recibidas por la maestra de la modestísima escuela primaria del barrio. La imagen de aquella mujer, la que guardo como reliquia de una infancia llena de incertidumbres por el futuro, angustias estas que la seño Xiomara aminoraba con su dulzura y el compromiso que todo cambiaría y que podríamos llegar a la universidad.

Fue una época dura, muy dura. Mis padres tempranamente me enseñaron junto a mis hermanos a ser unos adolescentes lo más independientes posible, y así nos ofrecían licencias para asumir responsabilidades en la familia y hacer mandados desde pequeños. De esa breve estación nunca olvidaré que nos advertían una y otra vez que al policía batistiano se le evitaba o no se le miraba.

Con los sueños del magisterio en mi cabeza triunfa la Revolución y se inicia el Plan de Becas donde ingresamos los alfabetizadores culminada la Campaña de Alfabetización. No entendía bien por donde iba la nueva vida cuando un buen día me vi comprometida y enrolada en muchas tareas de activismo político. Para esa fecha, mi vocación de ser maestra era compartida con otras tantas compañeritas, y había transitado de ser un sueño a convertirse en un proyecto de vida, con la seguridad del acceso que ofrecía la joven Revolución a las carreras universitarias. En aquella época se habían inaugurado varias escuelas formadoras de maestros, pero para mí y el grupo que optaba por el magisterio no existía otra más retadora que la de “Topes de Collantes”, enclavada en un lugar que queda en las alturas de la Sierra del Escambray, en el centro del país, donde se imponía el “sacrificio” de subir y bajar montañas en un entorno de espectacular belleza. 





Con esos pájaros rondando en mi cabeza pronto aprendí que en momentos de defensa de un proceso revolucionario auténtico no se podía elegir la profesión, sino que sencillamente había que responder al llamado de las urgencias del momento. Por este sendero, mis sueños de formarme como maestra quedaron pospuestos una y otra vez por tareas y empeños a los que había que responder en defensa de las necesidades, tantas por aquellos años, lo que emprendí con un prematuro sentido de la responsabilidad.

Laboré en el sector agropecuario, como trabajadora social, técnica de laboratorio clínico veterinario y dos años de medicina veterinaria, mi mayor sacrifico. Sentía enorme pena extraerle sangre a los animales hasta lo que no te puedes imaginar y singularmente ante el primer ejercicio realizado a un toro, pie de cría de la raza Holstein, al que no pude hacer la extracción. Me dieron el suspenso y pude salir al campo de las ciencias sociales, todo lo cual llevé en paralelo con tareas de la defensa y de apoyo a planes sociales, dada la temprana agresión política, económica y militar por parte de los Estados Unidos. 

Al concluir la especialidad en relaciones políticas internacionales me convertí en una funcionaria de la administración pública, desde donde cumplí múltiples tareas que me fueron comprometiendo más y más con la filosofía de la joven revolución. Ese quehacer me ha hecho una mujer realizada, feliz. Desde la infancia aprendí la máxima martiana de sumarse a los más desprotegidos y a la justicia. He disfrutado cada tarea que me han solicitado cumplir, enamorarme y comprometerme hasta los tuétanos. He compartido sueños, alegrías, reveses y hasta en ocasiones ver frustrar empeños nobles a los que le he sumado mi fuerza. Pero tengo que confesarte que he vivido al palpito de los proyectos, retos y amenazas y creo que este ha sido mi compromiso mayor, a la par del amor a mis hijos, padres y familia, ese refugio de amor y estímulo seguro.

No hay nada excepcional en esta vida que a grandes rasgos te cuento. Es una experiencia compartida por cientos, miles de mujeres de mi generación. Y te digo que cada tarea, por mínima o insignificante que haya sido, me ha reportado la alegría y la satisfacción íntima y secreta de haber aportado mi granito de arena a que está tierra haya crecido como nación y gozar la satisfacción de la dignidad recuperada por un proceso de justicia social y desarrollo. Y todo ello muy a pesar de las enormes amenazas impuestas por los vecinitos del norte y de los impactos negativos de los propios errores en la conducción económica por parte de la dirección del país.

Nada de ello ha impedido que hoy Cuba sea un referente en políticas sociales de avanzada y que se la reconozca como una potencia médica, que sus deportistas y educadores gocen del merecido prestigio internacional, que cuente con importantes potencias científicas en el campo de la biotecnología, por poner algunos ejemplos más conocidos. Además de ser una sociedad en la que predomina la justicia y el respeto pleno a la dignidad de hombres y mujeres, por igual.





Aquí tenemos escaseces materiales, a veces muchas, pero ningún niño cubano, ni hombre o mujer muere de hambre, ni de miseria, ni por falta de atención médica. No existen políticas excluyentes, ni racistas, ni discriminatorias de ningún tipo, ni de sexo, género o raciales. No hay tráfico de niños, ni de órganos, ni de drogas, ni de personas y desde las condiciones económicas y sociales del país se desarrollan políticas avanzadas en función de preservar el medio ambiente y amortiguar los efectos de los cambios climáticos. En Cuba se transita de día y de noche con tranquilidad y seguridad prestigiada y reconocida por varios organismos internacionales. Es una sociedad en construcción en medio de condiciones muy adversas. Todo no está concluido, ni completo, ni perfecto. El llamado estado de bienestar material deja mucho que desear aún, pero se trabaja intensamente en todos los terrenos por avanzar y tengo la seguridad de que un día se produzca en términos de desarrollo el efecto de la apertura de una botella de champagne.  Con estos sueños he vivido y vivo feliz implicada en las alegrías y logros y también he sentido dolor por los reveses sufridos y por lo que a veces pienso que no es justo que nos toque y que nos cuesta tanto lograr, como pueblo, como nación.

Y cuando parecía ya inalcanzable en mi vida arribé al magisterio. 

Las aulas me endulzaban el alma. Hace quince años que ejerzo como profesora de una institución de la educación superior. Mi sueño de toda la vida. He debido hacer los ejercicios académicos reglamentarios para la categorización, estudiar mucho, porque resulta que es muy distinto tener el conocimiento a impartirlo. Hacerte entender, despertar en los alumnos el interés por el tema y habilitarles las herramientas para que avancen por sí solos.

El instituto me queda algo distante de mi casa. Entre las tantas dificultades que enfrenta la población, están las crisis cíclicas del transporte, que me tensionan mucho pues el profesor que se respete no puede llegar después de los alumnos.

Cuando comencé en esta respetable y exigente profesión, me ponía nerviosa, antes, durante y después de enfrentarme al alumnado.

De esa etapa de acelerado aprendizaje guardo una experiencia que me cambió mi visión sobre mi desempeño y de golpe le perdí el miedo que me producían esos jóvenes plenos de inteligencia, competentes y audaces. Aquel día después de dos largas horas con las que concluía un ciclo de doce conferencias de intenso trabajo, despido la clase exhausta, los muchachos salen agitados, apurados, como siempre marchan los jóvenes. Ya cuando creo que habían partido todos, se me acerca una alumna y me entrega un pequeño papelito, en el que escribió con letras clandestinas, como una íntima y personal confesión, Profesora, sus clases son excelentes y es tal su pasión que nos ha impregnado el afán de ser los mejores. Besos muchos., firman Los todos. Y con el papel me regaló un cálido y fuerte abrazo. 





Han pasado varias graduaciones, el transporte mejora y empeora, y a veces cuando voy a tomar el ómnibus temprano en la mañana, aquí le decimos guagua, me dan deseos de regresar para mi casa y acostarme a dormir. En ese justo momento resuenan en mis oídos ese alegre, respetuoso y cálido profe, profe y acuden a mi mente la imagen de las miradas limpias, de ensoñación por lo nuevo, que te regalan los jóvenes estudiantes y me digo, ¡qué va!, no puedo dejarlos hoy sin clases. Así quedó atrapada, día a día, en esos rostros en donde se perfilan el futuro promisorio de la nación y me siento muy realizada porque verdaderamente esta ha sido la vocación de mi vida.

En el ejercicio del magisterio se produce un proceso de alimentación y retroalimentación. Enseñas y aprendes. En este tiempo he aprendido que cada generación son hijos de sus tiempos. Ahora se comunican más por las redes sociales que en los parques. Los jóvenes cubanos actuales defienden a su país, con el mismo empeño que las generaciones anteriores, con diferentes recursos y discursos. En ellos predomina el amor y respeto. Son patriotas y se comprometen, y defienden desde muy variadas formas, lo mismo que han venido defendiendo generaciones anteriores.

La actividad subversiva externa y las nimias inteligencias internas han tratado de oponer los jóvenes a los intereses de su país. Muchos marchan por razones económicas o sentimentales, amores, familia, etc. y se preocupan y hasta aportan desde sus nuevas plazas de alguna manera a su patria. Otros, quieran o no, son portadores de un elevada preparación profesional y humanística recibidas en el sistema de educación cubano. Y de esa manera también rompen cercos contra Cuba. Uno de los retos actuales es que las jóvenes generaciones encuentren viables sus proyectos de vida en el país, que no se vayan en busca de sus sueños a otras naciones, que establecen una competencia muy desventajosa con las economías en vía de desarrollo. Cuba no escapa a esta dinámica.

Los que permanecen, la inmensa mayoría, se implican, comprometen y enfrentan el día a día jugando roles cada vez más protagónicos en la lucha por el país que queremos y merecemos.

En este plano de confesiones debo decirte que también he sufrido como mujer, hija, madre y trabajadora, como la gran mayoría de las mujeres y los hombres de esta isla. A los problemas propios de una nación en vías de desarrollo, sin grandes riquezas, de una economía abierta y dependiente a las fluctuaciones de la economía internacional y a errores que se han cometido en la dirección económica, se ha vivido en permanente contingencia frente al hostigamiento brutal que los intereses de dominación de los Estados Unidos han impuesto al país.





El gobierno de Donald Trump ha activado nuevas medidas de hostigamiento contra la economía cubana. En fecha reciente aprobó el Capítulo III de la Ley Hemls Burton aprobada en 1996 por el Congreso de los Estados Unidos, la que anuncia la expropiación de las propiedades norteamericanas intervenidas al triunfo de la revolución. En estas propiedades donde hoy se asientan casas particulares, hospitales, escuelas, centros turísticos y demás, la ley citada otorga todo derecho de reclamación, no sólo a los dueños originarios, si no a sus descendientes norteamericanos y cubano-norteamericanos. Aunque es una ley inaplicable en el territorio cubano, violatoria del derecho internacional público, expresa la malévola intención de complicar y enrarecer el entorno “para la continuidad y desarrollo de las inversiones extranjeras en Cuba.” Aunque ellos se negaron a recibir el pago a las propiedades incautadas por el gobierno revolucionario cubano a principios de la década de los sesenta.

Como si esto fuera poco registran a Cuba en listas de países terroristas y de trata de personas, lo que también tiene implicaciones financieras. Retiraron las licencias a importantes compañías de cruceros que venían reportando crecientes ingresos a Cuba. Los Estados Unidos de América, el  autoetiquetado heraldo de los derechos humanos, prohíbe la visita de los ciudadanos estadounidenses a Cuba, segmento de mercado importante para la isla.

Y así te pudiera enumerar una larga lista de acciones históricas y recientes que complican la vida cotidiana del cubano, que afecta el abastecimiento de medicinas, alimentos, piezas de repuestos para equipos médicos e industriales que nos hacen la vida cotidiana más difícil. Es algo así como no te mato, pero te torturo sin parar. No te aplico una intervención militar, pero hago todo lo posible por diezmar las fuerzas de la resistencia que la inmensa mayoría de la población mantiene frente a tan inhumana y despiadada política.

El gobierno cubano  hace grandes esfuerzos por elevar la producción nacional para debilitar la dependencia de los suministros externos, pero no es tarea fácil, ni de resultados inmediatos, mientras tanto lo que se puede comprar en los propios Estados Unidos o en otros países del área está prohibido y hay que buscarlo en mercados lejanos que elevan los costos por concepto de transportación.

Así te pudiera ofrecer innumerables ejemplos de hostigamiento, esfuerzos y sinsabores, pero no se ha perdido la esperanza, ni la gente se sienta a esperar que “el maná caiga del cielo”. El cubano trabaja duro, muy duro, con mayor eficiencia cada día y me parece que el proyecto de los gringos, para nosotros los yanquis, de doblegar a la población por hambre, semeja “un sueño quimérico” en una loca noche de un verano imposible.

Por otra parte, la alegría, la hospitalidad, y la cultura ciudadana crece y bueno La Habana, esa digna y bella señora, cumple el 16 de noviembre del presente año los 500 años de fundadación. Por el cumple de la capital de todos los cubanos se han emprendido importantes obras de restauración y embellecimiento de la ciudad y el programa cultural que acompaña a este trabajo es de elevado rango artístico. Se mantienen las conquistas en política social, la construcción de viviendas y de novísimos centros turísticos y se vive cada vez más en contacto con una agenda cultural que potencia la identidad nacional. Minúsculos cerebros tienen los que desde el norte piensan hacer realidad el sueño de apoderarse de esta isla.





Ya estamos a las puertas de las vacaciones de verano y para un mayor disfrute de la población se continúan ampliando las ofertas turísticas y culturales en una sostenida tendencia creciente para todos los segmentos de públicos, desde el nivel comunitario hasta de país.

La Habana se engalana y ya se siente acompañada con una bellísima y espectacular Santiago de Cuba, Holguín, Guantánamo, Villa Clara, Camagüey, y otras ciudades que fueron duramente golpeadas por los huracanes, para seguir haciéndonos soñar en esta ciudad cálida y amorosa que será aún más bella, limpia y elegante.

Me apena que los norteamericanos, tan amantes y admiradores de las bellezas de esta Isla, no puedan venir a disfrutar de las cálidas y transparentes aguas de sus playas y cayos, del patrimonio arquitectónico y cultural que alberga y de la hospitalidad y carisma de una población predominantemente amable, hospitalaria y culta.

Un beso hermana mía. Yo creo que debemos revisar nuestros genes que tal vez hay algún vestigio sanguíneo que nos une, además de las causas mutuas que sellan nuestra amistad.


La Habanera





(*)Tengo algo que contarte. Correspondencia entre dos mujeres es una relación epistolar entre una mujer de La Habana y otra de Salt (Girona). La publicación de estas cartas se realiza con el permiso de ellas mismas que han confiando en La Guerrilla Comunicacional su publicación.

Si es la primera carta que lees puede ser que te interese leer otras cartas ya publicadas. En el menú de la derecha podrás encontrar todas las cartas publicadas. O si lo prefieres, puedes empezar desde el inicio en los enlaces que tienes a continuación:

Prólogo: Prólogo
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